Sebastián Mantilla

Paraíso del crimen

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13 de July de 2011 00:02

El Ecuador dejó de ser una isla de paz para convertirse, desde los últimos cinco años, en un paraíso del crimen organizado.

Las condiciones están dadas no solo para el aumento de los delitos y las actividades delincuenciales perpetradas por ecuatorianos sino que, como nunca antes, bandas internacionales del crimen organizado han encontrado en nuestro país un lugar único para asentarse.

La política de fronteras abiertas, sumada a la crisis de las instituciones como la policía, el poder judicial, la fiscalía y otras instancias del sistema de justicia, ha contribuido para el incremento de la inseguridad en el Ecuador.

Hace pocos días fue capturado en Quito un miembro de la mafia Rusa. De igual manera sucedió con el segundo a bordo del frente 48 de las FARC. El pasado 20 de abril, fue detenido en el aeropuerto de Guayaquil uno de los capos del cartel de Sinaloa. El 9 de marzo cayeron en manos de la policía 66 extranjeros que pertenecían al grupo terrorista Al Qaeda.

Estos casos son una clara evidencia de lo que afirmo. Es más, ratifican lo que el Director de la DEA para América del Sur, Jay Bergman, dijo semanas atrás: “el Ecuador se está convirtiendo en las Naciones Unidas del crimen organizado”.

Incluso llegó a afirmar que nuestro territorio está siendo utilizado por narcotraficantes como “plataforma para llegar a acuerdos con contrabandistas de cocaína. Tenemos casos, afirmó Bergman, de personas provenientes de Albania, Ucrania, Italia, China, entre otros, que llegan al Ecuador para conseguir la droga y hacer tratos para distribuir en sus respectivos países”.

Al igual que otras naciones de América Latina, la inseguridad se ha convertido en el principal problema. Guatemala, donde acaba de ser asesinado el cantautor argentino Facundo Cabral, tiene una de las cifras más altas de crímenes en Centro América. Solo en el 2010 fueron cometidos 6500 homicidios, a un promedio de 18 crímenes diarios. Estos datos superan los niveles de la cruenta guerra civil que tuvo lugar entre 1960 y 1996, la cual dejó un saldo anual de 5500 muertos.

La lucha para controlar estos mercados ilegales, pone a los gobiernos frente a redes ágiles, multinacionales y llenas de recursos, a los que la globalización ha dado aún más poder.

Por ello, aunque recientemente ha hablado el gobierno de reemplazar a los actuales jueces como una medida para disminuir los índices de inseguridad, esto no dará los resultados esperados.

No veo hasta el día de hoy en el Ecuador iniciativas sistemáticas y efectivas para enfrentar las causas de la inseguridad. Mientras tanto, seguiremos siendo un paraíso del crimen organizado.