Vicente Albornoz Guarderas

El paraíso del 17

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Entonces, para el 2017 vamos a tener todas las hidroeléctricas funcionado, la minería va a estar boyante, el Yasuní produciendo petróleo como para inundar el planeta, ya se habrá dado el cambio de la matriz productiva y el TLC con Europa estará generando efectos casi milagrosos en la economía ecuatoriana. Y la Refinería del Pacífico estará en plena construcción, demostrando que el Ecuador es un excelente destino para la inversión productiva. Para esa fecha, todos los hogares ecuatorianos tendrán cocinas de inducción y, por lo tanto, se podrá quitar el subsidio al gas sin que eso sea un golpe para los más pobres.

Ah, el 2017. Ese será el año en que se cosechará todo lo que se ha venido sembrando. Y para ese momento el país habrá roto su dependencia del petróleo y ya no habrá que preocuparse por sus caídas de precio. Llegar a ese año será como llegar al paraíso o a la tierra prometida.

Pare. Suficientes ilusiones. Volvamos a la triste realidad. Porque lo dramático es que ese montón de fantasías parecerían estar grabadas en la conciencia colectiva de muchos funcionarios públicos, que realmente las creen.

Y si no ponen en duda ni una sílaba de lo anterior es por dos razones. La primera es porque originalmente todo eso salió de la boca de ya saben quien. Y lo que él dice es para confiar sin parpadear (a riesgo de perder el puestito). La segunda razón es que siempre será mejor aferrarse a una ilusión que aceptar el fracaso del modelo.

Así, convencidos de que en el 17 todo se arreglará, hay que organizar las cosas para llegar a ese año con la popularidad intacta, ganar las elecciones y poder gobernar en ese paraíso que se acercará al ideal de que “cada cual dará según sus posibilidades y recibirá según sus necesidades” (nótese la ironía). Así, lo central sería a mantenerse populares por dos años y pico hasta las próximas elecciones.

Claro que lograrlo no es tan fácil, porque para mantener la popularidad alta se necesita que la economía siga moviéndose. Y para lograr eso es necesario estimular la economía manteniendo un gasto público alto (la alternativa sería que haya más inversión privada, pero la pobre anda medio bajoneada y peor todavía la inversión extranjera, usted sabe). Pero es complejo mantener alto el gasto público si el precio del petróleo está bajo.

Afortunadamente se puede exprimir y distorsionar a la economía para que el que aguante. Igual son sólo dos años y unos meses y un sacrificio justificado por la obtención de un bien superior: matriz cambiadita, petróleo sacándose de un parque natural, cobre extrayéndose de la Amazonía y felices familias cocinando en hermosas ollas de acero y hierro.

Lo único adicional es confiar que la espera no sea ni muy dura ni más larga, para que así a los ecuatorianos no nos pase lo mismo que a Moisés, que el pobre se murió sin poder llegar a la tierra prometida.

valbornoz@elcomercio.org