Carlos Alberto Montaner

La paradoja chilena

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26 de November de 2013 00:02

Michelle Bachelet regresará a La Moneda. Pero ahora la votan para que eche las bases del Estado benefactor. Habrá salud y educación "gratis". El gasto público, claro, aumentará sustancialmente.

¿Por qué existe inconformidad en Chile, pese a ser la primera economía latinoamericana? Según Mauricio Rojas, "se trata de un largo proceso que tuvo su espectacular eclosión en el año 2011, con grandes movilizaciones sociales que lograron instalar un discurso antisistema que cuestionó los pilares del modelo chileno".

Y agrega: "El centroderecha chileno creyó que la eficiencia del sistema le daría automáticamente legitimidad y apoyo y descuidó el terreno donde realmente se decide el derrotero de las sociedades: el de las ideas". Esto lo escribió, muy preocupado, en el artículo: "Chile, rumbo al Estado benefactor y la democracia chavista".

Mauricio Rojas lo sabe porque fue marxista, miembro del MIR, y debió exiliarse tras el golpe de Pinochet. Doctorado en economía en la Universidad de Lund, entendió los excesos del Estado Benefactor. Fue diputado Liberal y vivió la rectificación de los errores de los socialdemócratas. Suecia era uno de los países más habitables del planeta, pero el desmedido gasto público -llegó al 67% del PIB- y la intervención estatal ahogaron la iniciativa privada y las finanzas. Tras eso, los sucesivos gobiernos suecos, además de recortar gastos, aprendieron a armonizar lo público y lo privado.

La discusión no es si conviene o no erigir un Estado benefactor. El tema es: ¿produce suficiente riqueza la sociedad para sostener un modelo donde las personas dispongan de casas confortables, comida, ropa, estudios y sanidad de calidad, transporte, diversiones e infraestructuras eficientes? Ese entorno agrada, pero cuesta mucho.

Los países escandinavos, Suiza y Austria no están a la cabeza del confort planetario porque crearan Estados benefactores, sino porque generaron un tejido empresarial privado altamente competitivo que segregó sociedades con empleos bien remunerados y, además, suficientes impuestos para pagar la factura de lo público. Aquí no hay duda si viene primero el huevo o la gallina.

A Chile le queda mucho. Como dice el profesor de Harvard, Ricardo Hausmann: "Las únicas cosas nuevas que ha desarrollado son las AFP (el estupendo sistema privado de jubilación creado por el economista José Piñera), Falabella y Cencosud (tiendas, supermercados). El país tiene sorprendentemente pocas empresas globalmente competitivas, y eso muestra una falta de diversificación que debiera preocupar".

Los gobiernos que necesitan Chile y todos los países no son aquellos que proponen, primordialmente, distribuir las riquezas, sino los que deciden estimular la creación de empresas vigorosas, competitivas y diversificadas que sostengan la aparición de clases medias educadas y, de paso, costeen un Estado eficiente. ¿Cómo se hace? Ojalá la señora Bachelet lo descubra antes de provocar un descalabro.