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16 de February de 2013 00:00

La renuncia de Benedicto XVI sorprendió a todos porque no es frecuente que un líder vitalicio se retire voluntariamente. Para los caudillos que se aferran al poder con uñas y dientes, el gesto del jefe del cristianismo debe resultar antipático, un leve escalofrío habrán sentido y no faltará algún fanático que piense que la renuncia puede "inducir a favor o en contra de determinado candidato". Cosas de la política. Para otros, la renuncia de Benedicto trae, una vez más, el tema del fin del mundo pues los cardenales se aprestan a elegir al último Papa.

San Malaquías, obispo de Irlanda, escribió una lista de todos los papas, desde Celestino II que gobernó la Iglesia en el año 1 143 hasta el último que será Pedro Romano. En esa lista, que no tiene nombres sino frases esotéricas que corresponden a cada Papa, Benedicto XVI es el penúltimo, caracterizado como "Gloria del olivo"; luego viene Pedro Romano, de quien dice la profecía: "En la última persecución a la Santa Iglesia Romana se sentará en el solio Pedro Romano que conducirá su rebaño a través de muchas tribulaciones. Concluidas éstas, la ciudad de las siete colinas será destruida y el juez terrible juzgará a su pueblo" Para tranquilidad de los impresionables hay que decir que la Iglesia Católica nunca aceptó como verdadera esta profecía y se dice fue manipulada con fines electorales. Se cuestiona también la traducción correcta de una expresión latina que debería entenderse: siguiendo de este modo se llegará a Pedro Romano… indicando que habría otros elegidos entre Benedicto y Pedro Romano. Por último, se sugiere que Malaquías no profetizó el fin del mundo sino el fin de la Iglesia Católica.

Más interesante que estas cuestiones escatológicas es la indagación de los motivos de Benedicto para dejar el gobierno de la organización más grande de la historia. Desde que fue elegido se pensó que, después de la deslumbrante figura de Juan Pablo II, vendría un Papa de transición y que luego vendrá el reformador que ponga al día la Iglesia en temas como la unidad religiosa, el autoritarismo romano, la participación de las mujeres, el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, las finanzas del Vaticano y otros temas críticos que provocan discrepancias internas. Según el teólogo Hans Küng, el nuevo Papa no será un reformador pues más de la mitad de los cardenales son nombrados por Benedicto y seguirán sus instrucciones; sin embargo, cuando la Iglesia se siente segura es cuando acomete reformas, no cuando se ve acorralada.

En el último mensaje desde Roma, Benedicto XVI ha denunciado la hipocresía religiosa y los golpes dados a la unidad de la Iglesia. Buen mensaje para un mundo en crisis y para sus conductores. Buen líder es el que busca la unidad, no el que divide; el que está al servicio de la organización no el que se sirve de ella para incrementar su poder.