Óscar Vela Descalzo

Estas palabras...

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Estas palabras surgen desde el sombrío lugar al que todos hemos sido arrastrados en los últimos días. Allí reina todavía una calma inquietante, una deformación de la tristeza que nos resulta abrumadora, desconocida, insoportable, profundamente dolorosa.

Estas palabras nacen como un grito contenido por ese estruendo repentino, por la ondulación imposible que se produjo en las calles, por la avalancha incontenible de tumbados y paredes. Estas palabras brotan de los labios de las víctimas que, en un inicio, habrán pensado que era tan solo un mal sueño; y brotan en forma de lágrimas de los ojos que se abrieron para ver que todo a su alrededor había desaparecido, que allí donde segundos antes estaba concentrada su vida entera, ya no quedaban sino escombros, desolación, muerte y un silencio inexplicable. 


Estas palabras se forman con el último aliento de los que se quedaron enganchados para siempre en esa pesadilla, de los que de pronto se hundieron en las tinieblas, alborotados por gritos propios y ajenos, cargado de dolor, angustia y miedo, hasta que, en algún lugar, descubrieron finalmente el sosiego.


Estas palabras han sido moldeadas por la tristeza, empapadas por el llanto que sobreviene con cada imagen, con cada testimonio, con cada frase de aliento, con cada pulso que vuelve a latir, con cada tumba que se clausura para siempre.

Estas palabras recuerdan la vida que recorría esas calles irregulares, escuchan las distintas melodías que confluían en cada esquina, y congelan entre líneas las risas amplias y francas de su gente.


Estas palabras rescatan los momentos felices que pasamos en esos sitios que hoy son ruinas, recogen los olores y sabores de sus comidas, evocan la calidez y el desparpajo de su gente, la belleza rústica de sus playas, la tibieza única de sus mares…

Estas palabras apenas alcanzan para agradecer a los que se han jugado la vida por otras vidas, para rescatar la generosidad y el sacrificio de todo un pueblo, para alentar la unión y la fortaleza que hemos demostrado ante la adversidad. 


Estas palabras recuerdan lo exorbitante que puede ser el precio de la pobreza, lo frágiles que somos todos, pero en especial aquellos que viven en condiciones de miseria. Y ante esa miseria que hoy ha cobrado tantas vidas, que hoy ha marcado a sangre tantos destinos, estas palabras se erigen como un grito de protesta por todo lo que pudimos hacer y no hicimos, por lo que debíamos ahorrar y no ahorramos, por lo que habríamos evitado y no evitamos.


Estas palabras han sido arrancadas de un rincón en el que se ha acumulado toda la rabia posible, todas las preguntas que no tienen respuestas, todas las razones que no tienen sentido, todas las justificaciones de los que se muestran inocentes y todas las imputaciones a los verdaderos culpables.


Estas palabras no quieren más risas ladinas, no consienten más división, no aprueban otro despilfarro. Estas palabras solo anhelan que cese pronto el llanto y empiece la reconstrucción.