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6 de April de 2014 00:03

"Excmo. Señor don Alejandro Pidal y Mon, Director de la Real Academia Española de la Lengua. / Madrid. /

Excelentísimo Señor: Hay, como V.E. bien lo sabe, entre la lengua que se habla y el ánima del hombre una unión tan íntima, un vínculo tan apretado, una dependencia tan recíproca, que el lenguaje viene a ser, por eso, uno como espejo vivo, en que aparece reflejada el alma, con exactitud: cultivar, pues, el idioma, estudiarlo, analizarlo y procurar conservarlo puro, genuino e incontaminado es obra civilizadora; y tanto más civilizadora cuanto (como sucede en el castellano) el idioma que se habla sea más perfecto, más rico, más variado y esté ya fijado mediante la formación de una literatura, en la cual lo que solemos llamar el fondo de las obras literarias se halle en armonía con la expresión". Federico González Suárez, Quito, 24 de marzo de 1908.

Raro y precioso texto el de nuestro arzobispo, académico, historiador y escritor sin par. En términos que no pueden ser más actuales, constan las razones del trabajo académico.

Nuestro decir revela nuestro ser… Entre palabra y ser hay una dependencia inescindible; la obra civilizadora, la tarea que nos convierte en ciudadanos al servicio del ámbito en que hemos nacido y de la tierra toda es el cultivo de la palabra propia. Razón fundamental para insistir con tristeza, pero con esperanza, ante las autoridades de educación del Ecuador, en la deleznabilidad actual de la educación ecuatoriana, que, vive desde hace años diversos procesos de regeneración, sin llegar a acertar, y en triste repetición de actos, recursos y búsquedas, abrumada por la incursión en nuestro universo de exigencias globales cuyas enormes ventajas no sabemos aprovechar, deja al margen el estudio profundo del idioma, el énfasis incesante, en estudios y vidas, sobre la correcta y bella expresión escrita, la promoción del ser que somos, más allá del tener al que aspiramos, el cual, obtenido sin crítica ni análisis, se vuelve un búmeran incontrolable desde el vacío existencial hacia la nada.

¿Qué trabajo compete a la Academia Ecuatoriana? ¿Cuál es su ineludible presente? Mantener "la unión del idioma, estudiarlo, analizarlo y procurar conservarlo"; para ello cuenta con el aporte de cada uno de sus miembros. Aportes individuales con proyección social a través de la narración, la poesía, el ensayo, de la búsqueda de expresión feliz en una obra que ha de basarse en el conocimiento y profundización en las condiciones pasadas y actuales de nuestro pueblo. Una especie de construcción del ser ecuatoriano, desde la palabra: se dice en pocas líneas, pero se hace a lo largo de muchas vidas. El saber individual debe plasmarse en un trabajo social, y hacia él vamos.

Tiempo y espacio habrá de explicitarlo para todos.