Manuel Terán

Un país con futuro

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
20 de July de 2011 00:01

El Ecuador camina por un sendero que da muestras de un crónico deterioro. Problemas cruciales como la inseguridad, la falta de tolerancia y un estancamiento en índices de inversión y empleo hacen pensar que si bien en los actuales momentos, amortiguados por ingresos extraordinarios provenientes de un factor externo sobre el cual no tenemos ninguna clase de incidencia, esta problemática no se la considera en toda su magnitud, el futuro no se muestra tan promisorio. Las investigaciones de los expertos revelan que el tema de la seguridad ya no es un simple asunto de “percepción”, como se lo trató en círculos oficiales en algún momento. Las tasas de crecimiento del delito son alarmantes, en aquellas actividades vinculadas a los negocios que se hallan bajo el control de organizaciones delictivas internacionales. Nada sacamos con ocultarlo, con ello el problema sólo se agrava. Se dirá que el aparecimiento de crímenes por encargo es un asunto de ajuste de cuentas, pero es el síntoma evidente que estamos ante la presencia de nuevos actores que operan al margen de la ley y necesitamos una política para enfrentar este nuevo riesgo.

Los últimos sucesos han puesto en evidencia el deterioro institucional. Sin embargo, en asuntos de tanta trascendencia para el país las diferencias se profundizan y no existe la mínima posibilidad de encontrar soluciones por la vía de los consensos. La descalificación de que piensa diferente se acentúa cerrando las opciones para encontrar soluciones que, legitimadas por los acuerdos, sean durables en el mediano y largo plazos. Se insiste en atacar a los que disienten e imponer normas que amedrenten a los que contrarían el pretendido pensamiento único. La manera fácil de polarizar más a la sociedad y propender su fraccionamiento.

Aderezado por lo anterior, el ambiente para atraer inversiones y generar empleo no es el más propicio, las cifras lo revelan. La inversión extranjera que ingresó al país en el primer quinquenio de este siglo es superior a la percibida en los últimos 5 años de la pasada década. En ese mismo período los recursos que han fluido hacia los países vecinos han sido inmensos. Al momento, no somos un país atractivo para los inversionistas, lo que se traduce en que las tasas de empleo y subempleo no sufran alteraciones importantes.

Hay que revertir esta situación. El país debe encaminarse hacia un crecimiento armónico y sostenible en un ambiente de libertades. Todos los actores políticos y sectores de la sociedad tienen responsabilidad en ello. Es el momento de pensar como país y no enfrascarse en inútiles peleas y rencillas políticas que a nada nos conducen. Todavía estamos a tiempo de hacerlo y en un entorno económico que aún nos es favorable. Si no nos conducimos de esa manera, ojalá que el arrepentimiento por nuestra ceguera e indolencia no sobrevenga cuando resulte demasiado tarde.