Sebastián Mantilla

El país de Correa

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Nunca hemos estado mejor que con el Gobierno de la Revolución Ciudadana. Eso es lo que se puede concluir después de haber escuchado al presidente Rafael Correa durante el acto de celebración de sus nueve años de gestión.

Todo aquel que piense lo contrario es apátrida, oligarca, opositor, neoliberal, del pasado… En efecto, nada nuevo dentro de su actitud beligerante, desgastada verborrea e interpretación parcial de la realidad.

Ante un pueblo que está cada vez menos dispuesto a escucharle, el Presidente no ha cesado de repetir hasta el cansancio los grandes logros de su gestión: “El mundo reconoce la transformación del Ecuador. Admira los avances como los proyectos multipropósitos, centros de salud, UPC, escuelas del milenio, hospitales, carreteras…” .

¿Cómo no reconocer todo esto? ¿Cómo ignorar los grandes logros de la revolución? Deberíamos, más bien, estar agradecidos, sonrientes, callados, sumisos… Hacernos de la vista gorda de la toma de la justicia, del destape de la corrupción y el aumento de la impunidad. Del mal manejo económico. Del derroche inmenso e innecesario que se ha dado en estos nueve años (más de 230 000 millones). Del crecimiento excesivo del nivel de endeudamiento. Del golpe que se ha dado a la institucionalidad democrática. Del abuso de poder y vulneración de derechos. De la división y desarticulación de las organizaciones indígenas, sindicatos y organizaciones sociales. Del poco cuidado que se ha dado a la protección del medioambiente, apuntalando un modelo neoextractivista. Del daño que se ha hecho a la imagen del país al mantener una política exterior penosa, sin mayor criterio. Pero, sobre todo, de la división y confrontación social que se ha generado desde la máxima autoridad.

Como parece que somos “limitaditos” y nos resistimos a ver esta maravillosa realidad, tampoco hemos sido capaces de darnos cuenta de que vivimos en un régimen donde se da una supremacía del trabajo sobre el capital. Es cuento eso que dicen que nunca antes se ha vulnerado tanto los derechos de los trabajadores… Un Estado al servicio del bien común. Lo que pasa es que solo ciertos funcionarios (incluido el Presidente) tienen privilegios… Una sociedad participativa en la que el poder está en manos de las grandes mayorías. Por eso, pese a ser imbatibles electoralmente, prefirieron aprobar las enmiendas por la Asamblea y no en consulta… Una sociedad informada, donde se ha limitado el abuso de los medios. De ahí que ahora tengamos más medios oficiales, con información parcializada y una sociedad desinformada…

En consecuencia, “no debemos permitir que vuelva el país del pasado. Y es que ahora estamos mucho mejor preparados para enfrentar los desafíos”. Debemos tener fe y aceptar lo que nos dice el Presidente. Lo que pasa es que, pese a los graves problemas que ahora se ciernen sobre el Ecuador, “saldremos fortalecidos como país, nación y sociedad”. Ese es el país de Correa.
smantilla@elcomercio.org