22 de March de 2011 00:00

Paco Moncayo

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Washington Herrera

Para Paco Moncayo la honradez es una verdad de destino. Así lo cataloga la sociedad ecuatoriana que ha visto en su proceder rectitud e integridad, virtudes que están por encima de nuestra política y que tienen que ver mas bien con el honor de una vida.

Cuando el Diario El Comercio reivindica el prestigio de Moncayo al destacar que la Tercera Sala de lo Penal de Pichincha lo sobreseyó por el supuesto peculado en la construcción del nuevo aeropuerto de Quito, esta interpretando el sentir de la gente de bien respecto a la honra de Paco Moncayo.

Esto es destacable en un país en donde se reparten calumnias con ventilador, en donde por afanes de una politiquería irresponsable se persigue a gente honorable para esterilizarle las capacidades de liderazgo.

Por eso es que personas con valores éticos y elevadas capacidades intelectuales y de gestión no participan en el servicio público pues temen que en cualquier momento se vea atacado su honor, dejando un espacio vacío que es ocupado por los mediocres y ambiciosos.

El honor le llevó a Paco Moncayo a vencer heroicamente en la guerra del Cenepa y a no aceptar magistraturas que no fueran por elección popular.

Este tipo de comportamiento ya es escaso en nuestro país, en donde el individualismo, la codicia y la avaricia impiden toda posibilidad de mejorar la condición social de la mayoría de ecuatorianos.

La “telecracia” que espectaculariza la política nacional nos ha polarizado entre partidarios del Presidente Correa y los demás, lo cual es inconveniente porque cuando los problemas se ven solo desde dos extremos no suelen ser analizados con la racionalidad y la visión de futuro que deben revestir las acciones importantes de la vida de un país.

Paco Moncayo, militar estudioso y político decente, precisamente se ha posicionado por encima del alboroto y de la algazara y lucha por promover una manera decorosa de hacer política basada en los postulados socialdemócratas que buscan la igualdad y la justicia en democracia y con libertad. Cuando bajen las aguas turbulentas de los extremismos se decantaran a favor de un líder sereno, experimentado, probado con capacidad de tomar decisiones correctas y constructivas.

Cuando el pueblo se canse de las confrontaciones subalternas mirará hacia hombres ecuánimes, hacia los que realmente merecen un destino nacional.

La lucha política tiene que ser a base de ideas, de proyectos, de visiones, de alternativas y no de persecuciones infundadas como ha sido el caso del proceso seguido contra el general Moncayo, del cual emerge una reserva política para cuando la Patria le llame.

El Ecuador se va a curar de espanto con los extremismos de derecha y de izquierda y entonces será hora de una tercera posición construida a la ecuatoriana.

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