Pablo Cuvi

Pablos al cubo

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20 de April de 2013 00:07

Todavía recuerdo la gracia que me produjo esa lectura ya lejana del poema de Vinicius de Moraes: "Qué año tan sin criterio/ este del setenta y tres/ que se llevó al cementerio/ a tres Pablos a la vez." A continuación hablaba el brasilero de Neruda, Picasso y Casals, "tres líderes cuya muerte/ el mundo entero sintió". Y remataba exclamando: "Oh año triste y sin suerte/ ¡La puta que te parió!".

A esa trinidad laica hay que añadir un trágico salvador que no se llamaba Pablo: era Salvador Allende, muerto el 11 de septiembre en el Palacio de La Moneda. Neruda, que padecía un cáncer terminal, lo seguiría doce días después y aun se discute si un médico pinochetista le dio o no el empujón final. La última frase que balbució el poeta fue: "Están matando a los compañeros". No era solo la matanza pues los militares saquearon sus casas de Santiago e Isla Negra, que no es una isla sino un punto del largo litoral chileno. Al día siguiente de la muerte del poeta, si mal no recuerdo, setenta y pico de paisanos que nos habíamos refugiado en el consulado ecuatoriano abandonábamos Santiago.

Pablo Picasso murió en abril, en la cumbre de su gloria. Mucho antes de la Segunda Guerra Mundial el malagueño afincado en Francia era el pintor más influyente del arte universal. Desde la recuperación del arte africano y el cubismo hasta el 'Guernica', los grabados y sus mujeres llorando lo había desmontado todo e inventado todo, al tiempo que se reinventaba a sí mismo. Machista, megalómano, comunista, hacía rato que estaba más allá del bien y del mal. Ningún pintor había logrado en vida una influencia tan determinante. Su más aprovechado seguidor en nuestro país fue Guayasamín, quien se valió de los descubrimientos de Picasso para escapar del indigenismo primigenio.

Neruda, que se llamaba Neftalí Reyes antes de asumir el nombre de Pablo, fue un poeta inmenso en lengua castellana, desde sus poemas de amor y la muy vanguardista 'Residencia en la tierra', hasta las odas y el 'Canto General'. Comunista como Picasso, debió también escapar de Chile en la dictadura de González Videla. Un colaborador cercano, Jorge Enrique Adoum, bebió a fondo en esas fuentes y le tomó tiempo y Vallejo desembarazarse de la influencia nerudiana.

Pau Casals, que así se llamaba el tercer Pablo en catalán, fue director de orquesta, magnífico compositor y era considerado el mejor violoncelista de su tiempo. Su influencia fue más restringida que la de sus tocayos, pero al igual que ellos apoyó a la República española y luchó por los derechos humanos.

Vistas a cuarenta años de distancia, esas muertes marcaron el fin de una época pues nadie ha vuelto a tener el peso de un Picasso en la pintura ni de un Neruda en poesía. Solo en la música popular otro Pablo, Paul McCartney, compartía con John Lennon un reinado que no cesa .