Pablo Cuvi

¿Qué nos pasó?

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Tras el alegre despilfarro del primer ‘boom’ petrolero, la década de los 80 fue convulsa en lo económico y político, pero muy creativa en los campos del periodismo y la cultura. La revista Diners (1980) con su pintor en la tapa y el diario Hoy (1982) con nueva tecnología y una manera más fresca y combativa de hacer periodismo alimentaron a una clase media quiteña ávida de conocimientos que frecuentaba la casa tradicional de LibriMundi, llena de novedades nacionales y foráneas.

Una generación después, el cierre forzado de diario Hoy y la lenta agonía de la casa donde empezara Enrique Grosse son signos del cambio cultural y político que ha vivido la capital, no siempre para mejor pues el vértigo del populismo consumista devora también un pasado acostumbrado a expresarse en la prensa y en los libros. Sin embargo, la vitalidad de revistas como Mundo Diners, que ya llegó al número 400, y la resistencia de medios como El Universo, anuncian que no todo está perdido para esa capa de lectores y librepensadores que día tras día soporta los embates del poder.

En comparación, la facilidad con la que el Gobierno ha ido minando a los medios de comunicación hubiera sido impensable en los años 80; y eso que el gobierno oligárquico de Febres Cordero también arremetió contra las fundaciones: si ayer fue Cordes, hoy son Pachamama y Fundamedios. ¿Cómo explicar esta situación? Una de las razones es que varios izquierdistas que están vinculadas con el Gobierno y apoyan o acatan en silencio los atropellos contra Leopoldo López y Manuela Picq, contra indios, estudiantes, comunicadores y ecologistas, en aquella época eran periodistas del Hoy, o activistas y hasta guerrilleros que luchaban por la libertad y la vigencia de los derechos humanos, derechos válidos en Venezuela, aquí y en la quebrada del ají.

Ampliando el enfoque a las librerías, que éstas ya no funcionen como centros de reunión y debate es un efecto más del debilitamiento de la civilización de la escritura ante el increíble desarrollo de las computadoras, el internet y la cultura audiovisual en general. En 1996, cuando escribía la historia de los 25 años de LibriMundi, sentí que estaba haciendo una historia cultural de Quito durante una época todavía centrada en los libros y el arte plástico (actividad a la que se había integrado ArtForum); lo que no podía saber es que ese libro funcionaría también como el testamento de una forma tradicional de vivir la cultura.

Porque la ciudad estaba cambiando, el tiempo se volvía mas escaso y frenético y la vida de barrio (en este caso del barrio de La Mariscal) daba paso al centro comercial, donde las librerías hallaron su nuevo nicho apuntando a una clientela más joven, con otros hábitos y otras necesidades, al tiempo que se iba formando una nueva capa de intelectuales para quienes ser de izquierda no está reñido con el populismo, ni con el dinero y la persecución, sino todo lo contrario.