Miguel Rivadeneira

Oxígeno hasta los comicios

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La supuesta corrupción galopante, la agobiante situación económica y de aumento del desempleo y subempleo pasan factura. Los nuevos hechos irregulares que se observan a diario con asombro y la continuación del mayor endeudamiento externo para poder sostener el enorme gasto público que le permite sobrevivir mes a mes al buen vivir de este gobierno generan más incertidumbre.

Cada día se conocen nuevos casos irregulares solo en el negocio petrolero (qué pasaría en el resto de sectores estratégicos). La danza de centenares de millones en los contratos, que había estado en silencio, evidencia hoy lo que habría ocurrido los últimos años. Recursos sagrados del pueblo y que en su nombre han hecho lo que han querido.

El gobierno ha hipotecado parte de la producción petrolera con ventas anticipadas y entrega de campos importantes. No reduce el gasto público, como prometiera, y endeuda más al país, lo que tendrán que pagar los futuros gobernantes.

Necesita más recursos a como dé lugar para tratar de convencer que existen signos de mejoría, pero hasta que lleguen las elecciones. Eso evidencia la última emisión de bonos por USD un mil millones, al 9,1 % y a 10 años.

La carga tributaria es asfixiante para el sector productivo, que se refleja en el creciente desempleo. No saben cómo castigar más al ciudadano. Ley de Plusvalía, que aplica a las ganancias extraordinarias hasta el 75 %. Lo último de la mayoría legislativa oficialista: la aprobación de la ley para la eficiencia en la contratación pública, que gravará con otra contribución especial de mejoras por obra del gobierno y los municipios.

Lo que se busca es liquidez para mantener esta situación insostenible y que la próxima administración, cualquiera que gane, se verá obligada por la crisis a cambiar la política económica. Caso contrario, el ejemplo de Venezuela está a la vista. La herencia que queda es un maquillaje de la situación interna y solo la enorme propaganda oficial sostiene que todo está bien, pero después del gobierno saliente, el diluvio.

Esta dramática situación por la corrupción y la difícil realidad fiscal obligan a buscar chivos expiatorios para desviar la atención. Hackear cuentas. Entretener con el debate de la Ley de Plusvalía, juicios contra dirigentes sociales, acciones contra ONG’S y todo lo que asome al paso. Condenan y apresan a un médico reconocido pero demoran años en procesar al comecheques y a otros de este régimen, muchos de ellos fugados del país. El caso Odebrecht debe investigarse a fondo todo su paso por el país desde hace 30 años, pero primero la última década de la revolución ciudadana por la denuncia concreta de haber entregado USD 33,5 millones en coimas.

No pueden eludir responsabilidades y buscar culpables en el resto. En medio de todo esto se puede hablar de pacto ético? No resulta un insulto proponer algo que no han practicado?

mrivadeneira@elcomercio.org