Óscar Vela Descalzo

La resistencia

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En una de sus últimas obras, Ernesto Sábato decía: “Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos”. Este es el inicio de una larga carta reflexiva a la que el escritor y filósofo argentino tituló ‘La Resistencia’. Con esas palabras llenas de sabiduría, plasmadas en el papel con el sosiego que confiere la edad y con la soltura de quien siente cercana a la muerte, Sábato invita al ser humano a resistir, a rebelarse contra el vértigo de esta sociedad cada vez más deshumanizada en la que la meta parece ser la conquista, y el poder se ha convertido solamente en una forma de apropiación.

La resistencia no solo es un derecho innato del ser humano, sino además uno de sus deberes primordiales. Nadie puede arrebatarnos el derecho connatural de pensar distinto a los demás, de tomar opciones diferentes, de escoger el camino y decidir nuestro destino en el ejercicio pleno de la libertad. Nadie puede restringir o menoscabar, peor aún eliminar por decreto el derecho propio de cada hombre a gozar de su libertad respetando el espacio de los demás. La humanidad se habría extinguido hace miles de años si en sus inicios algún iluminado hubiera decidido imponer solamente la fuerza de su razón ante cualquier intento de oposición.

La vida, desde el primer segundo, se convierte en un ejercicio constante de resistencia. El instinto de conservación es parte de este complejo engranaje de defensa con el que nacemos todos los seres humanos. La protección de nosotros mismos y de los que nos rodean es una obligación de la que no podemos desligarnos con facilidad a menos que nos encontremos en un pozo tan profundo de depresión, locura o inconsciencia, que nos hayamos escindido de nuestra verdadera naturaleza o que alguien nos la haya arrebatado con cadenas o leyes injustas. La obsecuencia y la sumisión son, de algún modo, formas de renuncia voluntaria a la posibilidad de pensar, reflexionar, disentir, resistir…

En lo político la resistencia es equivalente a la desobediencia civil, esto es, el conjunto de acciones del pueblo que desacata las órdenes de los gobernantes tiránicos, inmorales o ilegítimos cuando sus actos no se enmarcan en la justicia o vulneran los derechos fundamentales del ser humano.

Las sociedades que no se rebelan a tiempo ante los abusos de poder de sus gobernantes, pagan su subordinación con atraso, estancamiento y la pérdida irreparable de varias generaciones.
Concluye Sábato en ‘La Resistencia’: “Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que –únicamente- los valores del espíritu nos puedan salvar de este terremoto que amenaza la condición humana”.

El dispositivo que activa nuestro mecanismo de defensa, de resistencia, es parte esencial del espíritu, por eso nadie ha podido ni podrá jamás anularlo o extinguirlo al mismo tiempo en todos los miembros de la sociedad.