Sebastián Mantilla

¿Fin de la oposición?

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6 de March de 2013 00:03

Luego del triunfo arrollador de Alianza País en las presidenciales, así como en las elecciones para la Asamblea Nacional, surge una serie de interrogantes sobre el papel que va a cumplir la oposición dentro y fuera del Parlamento.

Si antes la situación fue difícil en la Asamblea, ahora va a ser peor. Al tener Alianza País las dos terceras partes de los votos, eso posibilitará no solo que se queden con la presidencia, vicepresidencia y representación de las comisiones legislativas, sino que en términos de aprobación de leyes y fiscalización, la oposición quedará atada de manos.

Es iluso pensar que el movimiento Alianza País, teniendo una mayoría aplastante en el Parlamento, vaya a ser justo y magnánimo en recoger las distintas voces y criterios en el tratamiento y formulación de las leyes. De ahí la necesidad de generar espacios que puedan producir contrapesos y obliguen a que el oficialismo en determinado momento tenga que ceder posiciones.

No obstante, el campo de lucha, como queda dicho, no estará en el Parlamento sino en el campo de la opinión pública, medios y redes sociales. El papel que pueda hacer la oposición en socializar la discusión de los temas que se tratan en la Asamblea y los que realmente preocupan a los ciudadanos va a ser vital.

Es importante mencionar que las elecciones, por lo general, nos muestran el comportamiento del electorado. Pero eso tampoco puede llevarnos a pensar que el voto se entrega para siempre y de manera definitiva. Solo pensemos en lo que ha pasado en los últimos años en la gente que alguna vez votó por Bucaram, Noboa o Gutiérrez.

Si analizamos lo que pasa en América Latina (incluso en Ecuador) se podría afirmar que no se vota por posturas ideológicas. A la mayoría del votante medio (80% de electores) no le importa si un Presidente es de izquierda o de derecha. La persona, el carisma, la imagen y en esencia la credibilidad pesan más. Por ello, no es ni será nada raro que la Revolución Ciudadana comience y termine con Correa.

La metáfora del péndulo no explica lo que pasa en política. Si piensan que tras un gobierno de izquierda como el de Correa viene uno de derecha, se equivocan. De momento, el caudillismo y el personalismo son factores determinantes. Determinantes porque la idea de democracia nunca ha calado profundo. La sociedad vive en un aparente Estado de bienestar pero también de profundo enajenamiento.

Es necesario repolitizar la democracia, pero relacionándola con los problemas que tiene la gente en su vida cotidiana. Así, la práctica de la política va más allá de la mera preocupación electoral. Se trata de producir polis, de dar sentido y forma a un mundo en el que los individuos tienen una creciente dificultad para orientarse. Este es el punto fundamental desde el cual debería pensarse quiénes se ubican en la oposición y quieren hacer política de manera diferente.