Arturo Villavicencio

Oportunidades perdidas

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Con ocasión de su visita al Japón en septiembre del 2010, el Presidente mantuvo conversaciones con el rector de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) con el fin de examinar la posibilidad de establecer un campus de la UNU en el Ecuador. La Universidad de las Naciones Unidas fue creada en 1972 por la Asamblea General de la ONU, su sede central esta en Tokio y mantiene catorce campus o institutos de investigación y formación, la mayoría de ellos en países industrializados. La Universidad ofrece cursos de maestrías y doctorados que se dictan bajo un enfoque interdisciplinario centrado en la seguridad humana y el desarrollo sustentable.

Lamentablemente, la propuesta de los directivos de la UNU de establecer en el Ecuador un campus dedicado a la investigación y formación en energías renovables no tuvo apoyo. En noviembre del 2009 por iniciativa del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) tuvo lugar en Quito el Primer Encuentro de las Escuelas de Gobierno y Planificación de Unasur. El objetivo consistía en crear una red de Escuelas de Gobierno y generar una dinámica común en el ámbito de formación y capacitación de funcionarios públicos de los países de Unasur. Bajo una perspectiva de más largo aliento, el proyecto estaba enfocado a convertir la institución en la sede de la Escuela de Gobierno y Planificación del Sur con la coparticipación de escuelas de gobierno y administración e instituciones académicas afines de los países de Unasur, quienes comprometieron su apoyo. La visión gubernamental como una escuela de capacitación política antes que como una universidad de posgrado del Estado sumada a un manejo clientelar impidió la cristalización de un proyecto académico innovador y de enorme trascendencia para la región.

A estos proyectos académicos se sumaban la presencia de dos prestigiosas universidades de posgrado con vocación regional como la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y la Universidad Andina Simón Bolívar. Era una oportunidad única para convertir a Quito en la capital universitaria de América del Sur. La presencia de cuatro centros universitarios, uno de carácter mundial y tres de carácter regional, cada uno dedicado a áreas específicas del conocimiento hubiese significado un aporte invalorable al Ecuador.

Pero no se trata únicamente de una oportunidad perdida. La reforma a la Ley Orgánica de Educación Superior actualmente en discusión significaría un golpe de gracia a cualquier reivindicación internacional de la universidad ecuatoriana. El proyecto desconoce el carácter internacional de las dos universidades ecuatorianas de posgrado, significa su asfixia económica, atenta contra su autonomía y las convierte en meras dependencias del Gobierno. ¡La universidad ecuatoriana no puede admitir otro atropello!