Rubén Darío Buitrón

El opio del pueblo

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28 de May de 2011 00:06

‘La prensa burguesa es el opio del pueblo”. Esta es la nueva retórica del poder político para atacar a los medios y periodistas independientes.

¿Qué significado tiene el concepto, aparentemente novedoso, usado contra la prensa que no se alínea con las tesis y los objetivos del oficialismo?

Primero, desmitifiquemos la idea de que la frase original (“La religión es el opio del pueblo”) fue del filósofo alemán Carlos Marx, ideólogo del comunismo.

Marx la escribió en 1844, pero la metáfora del opio como sustancia adormecedora que impide pensar, reflexionar y tomar decisiones ya lo usaron años atrás filósofos como Kant, Feuerbach, Bauer y Heine, entre otros.

Por aquellos años, el opio, una potente droga, circulaba y se vendía sin prohibiciones y las ganancias eran tan altas que incluso hubo la “Guerra del Opio” entre las mayores naciones productoras.

Pero el opio tenía otros usos: muchos lo consideraban un potente analgésico, sedante y anestésico y los curanderos lo empleaban para tratar el cólera.

Escritores, pintores y dramaturgos la consumían como herramienta para sus visiones fantásticas de la realidad.

Más allá de esos fines, los marxistas se apropiaron de la frase para atacar a la religión, a la cual llamaban “el enemigo principal”, como ahora el poder político califica a la prensa no oficial.

¿Cuál es la relación que el poder político, cazando al vuelo frases sueltas de sus presuntos referentes históricos, pretende hacer entre la religión de hace dos siglos y el periodismo de ahora?

¿Argumentar que el trabajo de la prensa impide pensar, reflexionar y tomar decisiones acertadas a los ciudadanos?

¿Culpar a los medios no oficialistas del fracaso de los resultados de la consulta, en especial por el estrechísimo margen (menos del 3 por ciento) entre el Sí y el No en la pregunta 9, una de las que más interesaba al poder como arma para callar al periodismo independiente y crítico?

¿Atribuir a la prensa privada el rol de supuestamente desinformar o minimizar los logros y éxitos de la “revolución ciudadana”?

La pobreza de argumentos queda en evidencia cuando el propio poder político arguye que “apenas 2 de cada 100 ciudadanos cree en la prensa burguesa”.

¿Cómo pudo haber influido en el voto del pasado 7 de mayo una prensa en la que, presuntamente, muy poca gente confía?

Al poder político le falta mirarse en el espejo y bajar sus niveles de arrogancia. Le hace falta una autocrítica serena y profunda.

Cuando la mitad de ecuatorianos dice No en una consulta donde el poder político tuvo toda la ventaja para obtener un “contundente” Sí, talvez el problema no esté en “la prensa burguesa” sino en que los efectos de cuatro años de opio del socialismo del siglo XXI empiezan a desvanecerse.