Washington Herrera

La industria hotelera

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Si el valor de las exportaciones de bienes disminuye es cuando más se debe incrementar la exportación de servicios para compensar la escasez de dólares. Y la industria del turismo es la principal vía para que esto ocurra, como se demuestra en España, donde la crisis está siendo aliviada por la venta creciente de servicios turísticos.

Por esto vemos con satisfacción el inicio de un auge hotelero, pues según el Ministerio de Turismo, citado por la revista Gestión, en el 2014 los empresarios privados invirtieron 211 millones de dólares en este sector y existen 21 proyectos turísticos que están caminando con una inversión de 650 millones de dólares adicionales, a partir del presente año.

Estas decisiones se adoptan porque los empresarios advierten que es un buen negocio, que cuanto más camas de hotel haya vendrán más turistas, que perciben los resultados de la promoción turística que se ha hecho desde hace décadas, porque hubo crecimiento económico visible.

En el caso de Quito, porque el entonces alcalde Paco Moncayo tuvo el acierto de decidir la construcción del nuevo aeropuerto con inversión extranjera total. Esta obra ha sido un factor determinante para que se hagan más inversiones hoteleras y logísticas que están potenciando aceleradamente a una zona importante de la capital de la República.

Este auge está posicionando al Ecuador como un nuevo destino mundial del turismo convencional, pero también conlleva el desarrollo del turismo comunitario de características propias, con identidad ecuatoriana, producción de artesanías tradicionales, gastronomía auténtica que se pone en valor, así como los ‘resort’ ecológicos que combinan el cuidado de la naturaleza con el enfoque empresarial que le da sostenibilidad.

Así, este turismo deseable ayuda a mantener los avances sociales, pues se trata de un sector con muchos perceptores que coadyuva a continuar el descenso de la inequidad social, en el cual se reparten los frutos del negocio en forma rápida.

En el turismo ganan el dueño del hotel, el taxista, quienes trabajan en el aseo y mantenimiento, los vendedores de artesanías, los dueños y empleados de los restaurantes, los guías turísticos, en fin toda una gama de trabajadores que prestan sus servicios y perciben ingresos remunerativos.

Entonces: a más turismo más empleo, mejores salarios y más recaudación fiscal. De esta manera se compensa la salida de divisas de los ecuatorianos que, con dólares fuertes, salen al exterior.

Por todo esto, a esta industria hay que apoyarla para que siga creciendo en forma consistente, asegurando la certidumbre al negocio, garantizando que se mantengan las reglas del juego y teniendo en cuenta que su período de maduración está entre 5 y 10 años.

Así pues, estoy persuadido de que el turismo va a ayudar eficazmente a salir de la situación difícil que afronta el Ecuador.

wherrera@elcomercio.org