Walter Spurrier

Cerebro y hemisferios

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wspurrier@elcomercio.org
Los opositores dentro del Gobierno del acuerdo comercial negociado con la Unión Europea siguen poniendo cascarillas para que el proceso sufra un resbalón. Recientemente se filtró a un medio español documentos de la negociación, pero acompañados de una lectura sesgada, con el propósito de dejar mal parados a los negociadores y al Presidente que les dio su respaldo.

Hay versiones de que la Asamblea plantea seguir adelante con la denuncia de los acuerdos bilaterales de protección de inversiones, cuando la política oficial sería reemplazar los acuerdos con países con otro con la Unión. Hay un nuevo reglamento de precios de medicamentos que dejaría fuera de mercado a las presentaciones más caras de un mismo principio activo, que son las que producen los laboratorios de investigación europeos y estadounidenses.

Pareciera como si en el Gobierno coexistieran visiones de la sociedad contrapuestas entre sí. Como si hubiera dos cabezas.

¡Pero cómo, cuando nunca antes los poderes públicos han estado tan subordinados a una sola persona! La explicación: si bien en el Gobierno hay una sola cabeza, un solo cerebro, este tiene dos hemisferios. El uno, pragmático; el otro, dogmático y utópico.

En materia de política económica, esto no es tan disparatado como parece. Todo lo contrario, es correcto.

Los países que se han desarrollado, se iniciaron compitiendo con costos más bajos que los de los países que se industrializaron antes. Pero América Latina, aunque rezagada en desarrollo económico frente a Europa Occidental, va a la par en cuanto a conquistas sociales, y eso le ha impedido desarrollarse por la vía de costos bajos. Por ello, es plausible el planteamiento de saltarse etapas, no competir con textiles, televisores o automóviles como los asiáticos sino, como plantean los utópicos, ir directamente a productos de tecnología de punta, lo que requiere desde ya bregar por un fuerte avance en capacitación e infraestructura.

Pero los utópicos están dispuestos a sacrificar nuestro aparato productivo de hoy, y apostarlo todo en el éxito de una estrategia para dotarnos de industrias avanzadas para mediados de siglo.

Para los pragmáticos, esto es inconcebible. Hoy vivimos de la agroindustria y pesca, que es lo que crea empleo en el campo, genera riqueza que llega a las ciudades que prestan servicios, y divisas por exportaciones. Es insensato pretender acabar con ellas. Si un día hay suficiente empleo en actividades más complejas, que generen más divisas, estas actividades primarias irán desapareciendo por inanición, porque hay alternativas mejores.

Entonces, dentro de un mismo cerebro, cabe que un hemisferio piense en el futuro tecnológico y vaya poniendo las bases del mismo, y que el otro se preocupe de qué vamos a vivir hoy y en el futuro previsible.