Pablo Ortiz García

¡Todo vale!

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¡Cómo se comprueba día a día que el derroche de los miles de millones de dólares que ingresaron al Presupuesto del Estado por el alto precio de cada barril de petróleo que exporta Ecuador, está pasando factura!

¡Cómo se siente que la economía nacional se va desacelerando con la consecuente repercusión en la clase pobre! ¡Cómo se vive el retraso en los pagos del sector público! Ante estos signos de falta de dinero para continuar con el desenfrenado gasto, al Gobierno no le queda más que obtener recursos de donde sea. Por ello, aquel “spot” publicitario de que “de centavito en centavito, se hace un dolarito”, se convierte en verdad: hay que crear impuestos, para la comida chatarra, bebidas con alcohol, utilidades en la venta de inmuebles, etc. ¡Todo vale!

Pero el nuevo impuesto que el gobernante piensa imponer a través de su obediente grupo de asambleístas, es a las utilidades que reciben los trabajadores en las empresas en que laboran.

Antes los beneficios generados por las compañías iban a sus empleados, como recompensa por su buena y dura gestión.
En el futuro se pretende que los trabajadores reciban en tal concepto el equivalente a un máximo de 24 Salarios Básicos Unificados. El resto se lo embolsicaría el Estado, a fin de, supuestamente entregarlo al régimen de prestaciones solidarias del IESS, para financiar las pensiones jubilares de las amas de casa y de los trabajadores autónomos.

Estimado lector, ¿acaso usted cree eso? Si los dólares que pertenecen al pueblo se han gastado, entre otras cosas, en cadenas promocionales del Presidente de la República y en ataques a personas que no comparten su ideología, ¿será ahora distinto con los nuevos dólares que quitarán al obrero? ¿Acaso el IESS, que ha demostrado su sumisión al Ejecutivo, no “prestará” esos ingresos a quien los mentalizó?

Llevan siete años en el Gobierno y con la lluvia de dólares del petróleo, bien pudieron haber hecho un buen ahorro para afrontar tiempos difíciles, como el que estamos viviendo. Pero no, según los dignatarios, el ahorro no era rentable para los intereses de la nación (¿o de Alianza País?), por ello, a feriar el dinero que la naturaleza obsequió a Ecuador.

Impuestos disfrazados para vender al pueblo lo “beneficioso” que es dejar de recibir utilidades cada año; es decir, unos dólares ganados gracias al esfuerzo de gente trabajadora, que se levanta cada mañana muy temprano para subir a un bus y llegar a su trabajo casi con el estómago vacío. Gente que cuida cada centavo que gana. No como ciertos burócratas a los que un par de autos con guardaespaldas incluidos, los recogen de departamentos, luego de degustar opíparamente un desayuno cuidadosamente preparado por algún empleado.

¡Siguen los del movimiento que gobierna vestidos de ovejas trasquilando a la gente que menos tiene!

portiz@elcomercio.org