Manuel Terán

Otra vez el dolor

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Nuevamente, la naturaleza ha golpeado con dureza al Ecuador. Un sismo de magnitud se ha ensañado con Pedernales y ha provocado grandes daños en Portoviejo, Manta, Bahía y otras ciudades de la Costa.

El escenario de desolación es el mismo en todas las zonas afectadas y las autoridades, de todo rango, paseando entre escombros, desconcertados, sin atinar a dar directrices claras, que ayuden a aliviar la incertidumbre y desesperación de los damnificados. Si bien los daños pudieron haber sido aún mayores y ha ayudado que muchos municipios hayan impuesto estándares más rigurosos para las edificaciones nuevas, la lección que nos deja esta nueva tragedia es que en esta materia aún resta mucho por hacer, porque como nos ilustra el recuento histórico estamos en una zona de riesgo, en que de tanto en cuanto estos eventos seguirán repitiéndose con su estela de destrucción y muerte.

La pérdida de vidas humanas es irreparable, los daños económicos cuantiosos y la sensación de desconfianza e inseguridad nuevamente corroe el interior de las personas. Duele no ser capaces de aliviar de mejor manera el dolor de las víctimas.

El esfuerzo que realizan los socorristas es encomiable, pero no desaparece la sensación que para enfrentar catástrofes como esta requeríamos estar mejor preparados, para que la respuesta sea más eficaz y oportuna.

El problema no terminará allí. Lo edificado con mucho esfuerzo, que ha sido la fuente de subsistencia para miles de familias, ahora yace en el piso. La infraestructura vial, casas de salud y otras edificaciones públicas y privadas se encuentran seriamente afectadas. Su reconstrucción demandará ingentes recursos, los mismos que ahora escasean. Vale recordar lo que otro evento catastrófico provocó en un país hermano como Chile. Un tsunami arrasó con pueblos del sur de ese país. Pero su gobierno destinó cerca de USD 20 000 millones para la reconstrucción, dinero que salió de las reservas que Chile había construido por décadas para, con toda justificación, usarlo en eventos y emergencias como esa, en donde ante todo hay que asistir a las víctimas y tratar de devolverles lo más pronto a su vida normal.

En las circunstancias actuales ¿estamos como país en capacidad de responder como lo hizo Chile ante una desgracia como la vivida? Entre las administraciones chilenas que configuraron esas reservas estaban dos gobiernos socialistas, el de Ricardo Lagos y el de la señora Bachelet. Lo único que hicieron es actuar con sensatez, la misma que por casi una década se pidió al Gobierno en funciones pero que desoyó todo pedido de prudencia en el gasto, hasta derivar a una situación de urgencia en la que los recursos no alcanzan ni para atender los compromisos fiscales, peor para eventos inusitados como el experimentado el último sábado.

Quizá la dura experiencia por la que atravesamos sea asimilada por las administraciones que sobrevengan, para que de repetirse un evento como el ocurrido no nos encuentre indemnes, sin atinar palabra, con la cabeza baja, ardiéndonos el corazón ante tanta insensatez.

mteran@elcomercio.org