Marcelo Ortiz

La disminuida soberanía popular

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Hay temáticas en la vida política nacional que nunca tienen el nivel del agotamiento, como aquellas que provienen de errores sustanciales que constan en la Constitución del 2008 en su séptimo año de vigencia. Uno de esos temas es la absorción de la soberanía popular, que le otorgó ese texto al novísimo y deslumbrante, Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs), formado por siete personas, al concederle facultades que siempre ejerció el Congreso Nacional –hoy Asamblea-, tales como designar al Procurador, Fiscal, Contralor, Consejo Nacional Electoral, Tribunal Contencioso Electoral, y al Consejo de la Judicatura. Inaudito este despojo esencial para que un Consejo, cuya mayoría hacen cuatro personas, designe a estos pilares en que se asienta todo gobierno, y dejar a la Asamblea sin esacapacidad jurídica.

Fueron sutiles, audaces y determinantes los propósitos que “mentes lúcidas y corazones ardientes” concibieron para esta creación como un poder más, el quinto, en que se apoyaría el poder absoluto presidencial. Advertimos, que el objetivo final debió ser: tallar un tabernáculo para que aquel poder se mantenga tranquilo en su ejercicio.

Fue el Art. 207 constitucional el que creó el Cpccs, y después de cinco años de mandato, los siete consejeros, este mes deberán ser sustituidos, una vez que el Consejo Nacional Electoral, concluya el concurso, y haya escogido a jurisconsultos, que quizá representen a las tres regiones del país e integren una nómina de los mejor dotados, aunque no se inscribieron como aspirantes algunos centenares, como habría sido lo ideal para encontrar a los más idóneos.

Hasta aquí hemos probado lo nada democrático que constituye este Consejo, al cual el Art. 208 de la Constitución, num.1º le faculta a “Promover la participación ciudadana, estimular procesos de deliberación pública y propiciar la formación en ciudadanía, valores, transparencia y lucha contra la corrupción”. ¡Qué ironía, concederles dichas facultades, asestando un golpe mortal a los partidos políticos! Esto es, arrojar al vacío conceptual los valores democráticos asignados a esas entidades ciudadanas imprescindibles, para ubicar las doctrinas y principios que forman la conciencia popular desde varias vertientes necesarias para que se constituya el poder político, y que se encuentran reflejadas en las acciones que desarrollan los gobiernos verdaderamente democráticos.

Para concluir: se hace necesario tomar debida nota de quienes habrán triunfado en el concurso, que como todos los que se convocan pomposamente en esta época correísta, no tienen la transparencia y credibilidad suficiente. La lista de los siete ungidos, a más de sentirse magnificentes y poseídos de luminosidad irradiada desde la Presidencia de la República, no tendrán cobertura para ser percibida en los niveles que hacen las bases del pueblo, porque sus nombres no recibieron el voto popular depositado en las urnas después de procesos electorales, que por ahora continuarán cerrados para cualquier consulta popular. Cuando se publique la nómina de integrantes del Cpccs confirmaremos que no será de los mejores ciudadanos.

Marcelo Ortiz Villacís / mortiz@elcomercio.org