Carlos Rojas

El señor de los milagros

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El tramo final del 2015 está por comenzar, acercándose también la etapa de definiciones electorales. El tratamiento de las enmiendas a la Constitución, previsto para diciembre, así como ciertas reformas al Código de la Democracia delimitarán el campo de disputa por el poder.

A partir del próximo año, los políticos harán sus definiciones. Y aunque el marco jurídico-institucional siempre jugará a favor del oficialismo (para eso se aprobará la reelección indefinida), las dificultades para sostener su campaña serán de otra índole.

El problema más complejo será la definición del mensaje electoral del binomio que escoja Alianza País, incluso si el propio Rafael Correa opta por una cuarta candidatura.

La economía ha tomado un rumbo incierto al punto que el gran ilusionista del siglo XXI ha confesado que no podrá hacer milagros ante una desaceleración que no solo obedece a la caída del petróleo y la apreciación del dólar. Hubo un dispendioso manejo fiscal. Si la realidad económica se torna adversa para la mayoría de ecuatorianos, ¿sobre qué promesas Alianza País construirá su campaña?

Por ejemplo, qué respuestas ensayará para los jubilados del país, y para quienes están por hacerlo, cuando estos se pregunten por qué Correa decidió quitar el aporte estatal al IESS y poner techo a la jubilación patronal.

¿Serán suficientes para el Ecuador los pocos recursos fiscales existentes o las líneas de crédito internacional abiertas si el Fenómeno de El Niño o el proceso eruptivo del Cotopaxi se van de las manos? ¿Por qué no se ahorró?

El lenguaje político del oficialismo también se muestra poco solvente. Por ejemplo, resulta paradójico escuchar al Presidente decir en la ONU que aboga por la libre movilidad de las personas, cuando en todos estos años ha hecho lo imposible por impedir la libre circulación de las ideas de las personas.

Los años no pasan en vano y el discurso oficialista choca ya con una realidad poco prometedora. El candidato que escoja Alianza País esta vez tendrá que ofrecer milagros. El quid está en que estos resulten creíbles.