Sebastián Mantilla

Repensar la integración

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Hace pocos días tuvo lugar en la ciudad de Quito la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac). A más de la exigua asistencia (apenas 14 presidentes de los 33 países miembros), la declaración final no pasó de ser un amplio exhorto, en el que se incluyeron temas como la lucha contra la pobreza, ciencia y tecnología, cambio climático y financiamiento para el desarrollo.

Sí, un saludo a la bandera como muchas otras declaraciones, de otros muchos encuentros, de esta y otras instancias de integración. Es curioso pero América Latina es una de las regiones en el mundo con más mecanismos de integración: Celac, OEA, Unasur, Mercosur, Alba, CAN, Caricom, Alianza del Pacífico, SICA (Sistema de Integración Centroamericana)...

Podríamos colegir, a decir de lo que se acaba de mencionar, que los procesos de integración están en la región en un alto grado de desarrollo. Es decir, no solo comercial sino en otros campos. Sin embargo, es todo lo contrario. La proliferación de tanta instancia regional y subregional lo que ha hecho es diluir y debilitar los esfuerzos para lograr una América unida.

Es cierto que cada uno de estos mecanismos tiene una naturaleza y objetivos aparentemente distintos. No obstante, muchos de los temas que son tratados en instancias como la Celac o la Unasur, por poner un ejemplo, se repiten o superponen: fortalecimiento del diálogo político, desarrollo social y humano, lucha contra la pobreza, integración financiera, etc.

¿Por qué entonces en lugar de seguir creando instancias que en determinados momentos se vuelven inútiles y poco oficiosas no tendemos a quedarnos con pocas y que sirvan a la final? Porque en lugar de seguir criterios técnicos, en muchos casos prevalen criterios de carácter político. En el caso específico de la Celac, Hugo Chávez sostenía que era imperioso tener una instancia que sustituyese a la Organización de Estados Americanos (OEA), la cual, según su opinión, tenía el grave defecto de estar controlada por EE.UU.

Para mi forma de ver, el problema no es los Estados Unidos sino la incomodidad que les genera a ciertos regímenes (Maduro, Correa, Ortega…) la existencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y como no han podido debilitar a la Comisión han querido crear otra instancia como la Celac para que los temas relacionados con los derechos humanos no tengan mayor relevancia, pasando por alto los abusos que se dan en Cuba, Venezuela o Ecuador.

Por esta razón, aunque los aspectos como lucha contra la pobreza, inclusión social o integración financiera son importantes, debería también tomarse en cuenta otros como democracia y garantía de los derechos humanos, lucha contra la corrupción (el mayor mal de América Latina), violencia y narcotráfico. Elementos más que suficientes para comenzar a repensar en la integración.