Sebastián Mantilla

Histórico encuentro

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Más allá de los pobres resultados que generalmente arrojan los encuentros presidenciales, la VII Cumbre de las Américas, realizada en días pasados en Ciudad de Panamá estuvo eclipsada por el histórico encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y de Cuba.

Es la primera vez en más de 50 años que los máximos representantes de estos dos países tienen una reunión cara a cara. Si ­antes hubo algún encuentro, este fue esporádico o fortuito. Me refiero a los que tuvieron lugar entre Fidel Castro y Richard Nixon (en ese entonces Vicepresidente) en 1959 y con Bill Clinton en el 2000, en la sede de las Naciones Unidas.

En efecto, el apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro no solo trascendió los límites estrechos de este tipo de cumbres, sino que ha marcado el fin de una época caracterizada por una serie de tensiones. La más delicada cuando, en plena Guerra Fría, Cuba estuvo en medio de una virtual confrontación militar entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Aunque esta normalización de relaciones no se va a dar de manera inmediata, es muy positivo que se haya trazado el camino para ello. En cuanto a Estados Unidos, hay dos temas que deberán ser resueltos con prontitud: el retiro de Cuba de la lista de Estados que patrocinan el terrorismo y el levantamiento del embargo comercial que pesa sobre la Isla desde 1961. No obstante, todo esto tendrá que ser canalizado a través del Congreso, el cual está en control del Partido Republicano. Complicado si se toma en cuenta la postura que tradicionalmente ha tenido este partido y el escenario electoral que se aproxima.

En cuanto a Cuba, la normalización de relaciones no solo reside en las reformas económicas que deberá emprender la Isla, sino principalmente en lo que se haga en términos de democracia y derechos humanos. El régimen de los Castro ya ha liberado a 53 presos políticos. Sin embargo, falta ­mucho por hacer en este campo.

De igual modo, la posición de los dos presidentes es digna de destacar. Obama ha reconocido que la política del aislamiento ha sido un fracaso. El hecho de afirmar que la “Guerra Fría terminó hace tiempo” y que “Estados Unidos mira al futuro” es también muy positivo. Castro, de su parte, pese a la obstinación de seguir manteniendo que hay que “seguir perfeccionando el socialismo”, ha tenido palabras conciliadoras con su par estadounidense.

Veamos entonces hasta qué punto la normalización de relaciones produce efectos positivos en Cuba. Al menos ya no va a existir la misma excusa de siempre: los problemas de Isla son producto del embargo impuesto por Estados Unidos. De este modo, el foco de la atención internacional recaerá sobre los pasos que den los hermanos Castro. Esperemos, entonces, que esto sea en función de dar a su pueblo un futuro de progreso y desarrollo pero en el marco del respeto de los derechos humanos y de la democracia.