Roberto Salas

Proactivos y consistentes

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Entre los principales desafíos en el ámbito económico de este año están las inquietudes que presenta el bajo precio del petróleo, la substitución de cocinas y calefones a gas, y el dinero electrónico.

Crear alguna certidumbre de que estos elementos están bien considerados por las autoridades sería deseable, lo que depende de la proactividad y consistencia con que se actúe. Lo primero en cuanto a encontrar soluciones tempranas, y lo segundo, demostrando coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Sobre el precio del petróleo es difícil crear certezas de asuntos inciertos. Sin embargo, es recomendable generar la percepción que los escenarios posibles están dentro de cierto control. De quedarse el petróleo a niveles de 45-50 dólares el barril por algún rato, y dado que no hay ahorros de los buenos tiempos, habría una reducción de ingresos de divisas de 4 000 millones de dólares anuales. Los 1,4 mil millones recortados del presupuesto no es suficiente. En el corto plazo, reducir importaciones y tomar deuda es un paliativo, pero si la situación se mantiene será importante tomar medidas de mediano plazo, como promover exportaciones, atraer inversión directa extranjera y nacional para compensar. China es un aliado para financiar inversiones, pero no conviene ser tan dependiente de un país en franca desaceleración.

En relación a la substitución del gas, este proceso no terminará en un cambio total hacia el sistema de inducción, ya sea porque la tecnología no es la panacea (si lo fuera otros países habrían hecho lo mismo ya que no es un invento reciente), y habrá ciertos sectores sociales de la clase media para arriba que preferirán usar artefactos eléctricos convencionales, o quedarse en el gas por beneficios funcionales, aunque tengan que pagar un costo mayor. Por último, la efectividad de la substitución no dependerá del precio de los artefactos, sino de cuanto será la reducción del precio de la energía eléctrica a partir del 2017. Los objetivos fiscales podrían cumplirse, pero el nivel final de satisfacción de la población es más incierto.

El tercer elemento exige anclar las expectativas. Mientras haya consistencia en que el dinero electrónico será un facilitador de eficiencia al sistema de pagos, el proyecto puede ser beneficioso. En caso que se implementen acciones que rompan esta promesa, el caso sería negativo, más aún en una situación de estrechez en la balanza de pagos internacionales. Cualquier medio de pago fruto de emisión inorgánica, digital o real, generaría un nivel de inflación indeseable con perjuicios a la competitividad de las exportaciones nacionales, al poder adquisitivo de las familias, y a la eficiencia de los mercados al romperse la hegemonía del dólar.

Creo en el pragmatismo económico de las autoridades, y sobre todo en que seremos proactivos y consistentes con la realidad.