28 de abril de 2016 00:00

Reforma tributaria contra los capitales golondrina

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Edison Ortiz Durán

El término capitales golondrina apareció en los años 1980 cuando emisiones de gobiernos y de empresas privadas de países en desarrollo eran adquiridos por inversionistas de mercados desarrollados.

Países en desarrollo emitían valores en las bolsas respaldados por certificaciones de buen desempeño generados tanto por el FMI o el Banco Mundial –BM- como por calificadoras de riesgo.

Dichas certificaciones u opiniones generaban confort en los inversionistas dado el hecho que tanto el FMI como el BM conocían al país pues continuamente revisaban las políticas económicas, las cuentas fiscales y otorgaban créditos para balanza de pagos el uno, y era prestamista para proyectos de desarrollo, el otro. Empresas privadas prestigiosas internacionalmente también emitían en mercados de de valores locales e internacionales deuda -bonos u obligaciones- y acciones.

Aquellos inversionistas que en relativo corto tiempo –meses-, entraban (comprando en bolsa en mercado primario o secundario) y salían por cualquier razón (vendiendo en bolsa, haciendo mercado secundario) se les denominaba “capitales golondrina”. Se criticaba entonces que ese tipo de inversionista no trae tecnología de ningún tipo, que no se queda en el país como un inversionista directo, por tanto no era bueno para las economías de países en desarrollo. Sin embargo cuando la cantidad de inversión de dichos capitales golondrina que se registraba en las bolsas de valores así como en los Bancos Centrales era importante, no importaba que sean golondrinas, pues si reflejaban un grado de confianza que en el país o empresa, tal como sucede en mercados desarrollados donde se entra y se sale libremente.

¿Que pasa con el Ecuador?. Primero, que las emisiones de valores del Estado ya no pasan por bolsa. Segundo, que no sabemos el tipo o calidad de inversionistas de peso que ha invertido en bonos del Estado. Tercero, que no hay un mercado secundario, básicamente porque ninguna golondrina es tan tonta de querer revender un papel de alta rentabilidad financiera, como son los bonos del Estado Ecuatoriano emitidos a mas del 10% de rendimiento financiero, claro… hasta que no perciba que el riesgo país se incrementa. Y por el lado privado, localmente casi no hay emisiones de bonos corporativos ni existe mercado secundario, y peor que hayan emitido en mercados internacionales. Más aún, por el lado de acciones, con las recientes leyes laborales se está matando al mercado de acciones, por lo que ningún pájaro va a invertir en acciones de empresas ecuatorianas.

Hacer una reforma tributaria enfocada al arribo de estos pajaritos no creo que sea necesaria, pues no existen en nuestro mercado.

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