Milton Luna

¿Hasta dónde quieren llegar?

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Una a una se han eliminado las voces críticas en los grandes medios. Quedan todavía varias, por fortuna, pero cada vez menos, y eso llena de enorme preocupación y rebeldía a miles de demócratas.

Uno a uno, han sido golpeados los espacios de debate y de investigación periodística. La tendencia sigue, violenta, irrefrenable. En pasadas horas fueron allanadas las instalaciones de Ecotel TV de Loja y, la frecuencia de Radio Democracia de Quito, está por ser revertida.

Si el golpe contra Gonzalo Rosero de Radio de Democracia se concreta, sería uno de los más duros que soportaría la libertad de expresión en el país, debido a la historia, valentía, pluralismo, de esta incansable radio escuchada por muchas familias quiteñas y de la Sierra.

Pero dicho golpe, a más de cerrar un canal de expresión de ideas diversas y discrepantes, podría tener otros propósitos: ¿Uno de ellos sería amedrentar a otros importantes espacios radiales de información y debate, serios, críticos e independientes, como los de Miguel Rivadeneira, Gonzalo Ruiz y Andrés Carrión, en Radio Quito; de Carmen Andrade y Andrés López de Noti Hoy, en Radio Centro; y de Diego Oquendo, en Radio Visión? ¿Les estarían diciendo: “voy por ustedes”… “callen”?

Con esto, además, se restituiría el miedo colectivo y la autocensura que perdieron terreno en los últimos meses producto de la movilización social. Ciertamente, en la calle miles de voces silenciadas sacudieron su temor y a grito pelado, individual o en coro, expresaron con irreverencia su desesperación y discrepancia, su verdad, al arrogante poder.

Pero, con el golpe a Radio Democracia, ¿se reposicionaría el silencio? No, probablemente, ya que en el marco de una economía que se derrumba, una nueva causa removería el avispero. La bulla y la protesta se reactivarían. Antes que reinstalarse el miedo, se incrementaría la indignación. Dicho golpe sería tomado como una provocación. “Si acallas una voz, aparecerán otras, en miles de formas distintas”, dirían los inconformes.

Y es que si alguien, de la inteligencia gubernamental, está atento a las redes sociales, constatará que lo mencionado está sucediendo. Se reproduce en todo tono el rechazo al régimen. Los “memes”, el chiste, la mofa, la denuncia, el ensayo y videos son incontenibles contra los rostros más conocidos del poder. Por ejemplo, para el 31 de diciembre, alguien de la enojada multitud, convoca a quemar borregos verdes, en el tradicional año viejo, en clara alusión a asambleístas y otros personajes del oficialismo. Las respuestas positivas a la quema se multiplican.
La noche de este 31, el Gobierno sería incinerado simbólicamente en muchas casas y barrios.

La temperatura social tiende a subir. ¿Para qué cerrar Radio Democracia? ¿Para qué lanzar más gasolina al fuego? ¿Hasta dónde quieren llegar?

mluna@elcomercio.org