Santiago Estrella

Esta Babilonia organizacional

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Es un tiempo de confusión política. No tanto por cuanto la gente ve, comprende, adhiere o rechaza. Si algo nos han dejado estos dos meses es que el individuo, el ciudadano, asume y expresa de una forma más clara su posición ante el Gobierno central y los gobiernos locales.

Eso es interesante en términos de la racionalidad política. Refleja una voluntad de participación política que no todos quieren reconocer con mayor sentido de justicia.

Pero cuando estos ciudadanos se juntan y se convierten en ‘colectivos’ –alguien debería hacer un análisis profundo de este término- se dan una serie de confusiones porque son como balas que se disparan de uno y otro lado, hacia uno y otro lado. Así, resulta imposible tener el panorama claro de los intereses que siempre varían según los contextos.

En estos días de levantamiento indígena, paro y la contraparte del diálogo emprendido por el Gobierno, se ha convocado a tantos encuentros, plantones, marchas, conferencias de prensa que da la impresión de que Ecuador ha sido el Edén para la organización social. A cada momento hay un encuentro de alguna entidad con algún sector, se pronuncian a favor o en contra del paro, apoyan o no al Presidente. Pero son tantas, que de Edén se puede pasar a una Babel de naipes que ante el mínimo movimiento, un leve soplo, pierde estructura y se derrumba.

A la par que la movilización de los autoconvocados se ha derrumbado, las organizaciones son las que están tomando la posta y convocan a este paro nacional. Lo que queda por ver es si tendrán el respaldo de esa ciudadanía que no tiene pertenencia alguna, si esa clase media, que difícilmente ha comulgado con la causa obrera, origen de todo sindicalismo.

Tampoco debería asombrar que el oficialismo tenga una agenda repleta de encuentros con organizaciones. Un gobierno que se denomina popular no podría hacer otra cosa. El problema es otro: el que se quiera medir fuerzas y en ella se trate de legitimar ‘su’ verdad como ‘la’ verdad. Ahí ya no cabe racionalidad política alguna y el país será una Babel.