Francisco Carrión Mena

El Perú, partido en dos

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Las últimas elecciones en el Perú, en las que fue elegido por una mínima diferencia de menos de 1% el liberal centro derechista Pedro Pablo Kuczynski (PPK) sobre Keiko Fujimori, merecen algunas reflexiones por la importancia del país y por su influencia sobre la región.

La primera, la madurez adquirida por la democracia peruana tras la caída de Alberto Fujimori. La normalidad de la jornada electoral y la posterior reacción de los electores atendiendo el llamado a la serenidad de sus respectivos líderes, a pesar de lo apretado del resultado, son una lección.

La segunda, que el Perú se inclina a la derecha, sea la populista y autoritaria proclamada por Keiko, o la tecnócrata y liberal impulsada por PPK. La izquierda, a pesar de la refrescante presencia de la joven Verónica Mendoza en la primera vuelta y que sorprendió, con 17% de respaldo, a más de un analista político, no llegó a la segunda vuelta pero sin duda, al apoyar a PPK, impidió el retorno del fujimorismo al poder.

La tercera, y muy relevante, la partición en dos del pueblo peruano: por el un lado el fujimorismo y, por otro, el resto del espectro de partidos y movimientos políticos. Esto refleja que en el Perú el fujimorismo es la fuerza política más poderosa y así quedó demostrado en la composición del Parlamento, donde obtuvo una holgada mayoría.

Llama poderosamente la atención que tras casi 16 años del fin del gobierno de Fujimori y a pesar de las atrocidades cometidas durante su mandato, siga teniendo tan amplia vigencia y popularidad. Se dirá, y no hay razón para contradecirlo, que Fujimori acabó con el terrorismo senderista y sacó al Perú de una profunda crisis económica e institucional. Pero el precio fue muy elevado: asesinatos, la violación de los derechos humanos, la ruptura constitucional y la corrupción. Asombra que a pesar de esta verdad histórica y del tiempo transcurrido el fujimorismo tenga un respaldo tan amplio.

Por esa razón, los problemas de PPK son esencialmente políticos. La gobernabilidad con una oposición mayoritaria con la que tendrá que llegar a acuerdos para enfrentar la inseguridad ciudadana, la debilidad institucional, la corrupción y la vigencia de los derechos, es su mayor desafío.

En materia económica seguirá la tendencia aperturista y liberal de sus antecesores que ha permitido un crecimiento constante de la economía pero deberá buscar mecanismos urgentes y eficaces para lograr una equitativa distribución de la riqueza generada.

La gran mayoría de la población peruana es pobre y una minoría muy adinerada. Si el nuevo gobierno no logra disminuir esa brecha se estarán creando las condiciones para retornar al círculo vicioso de la reacción popular violenta alentada por una izquierda radical populista.

fcarrion@elcomercio.org