Diario El Tiempo de Colombia

El Papa se juega por la paz

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Unaola de indignación recorre las redes sociales para exigir que no se politice la visita del papa Francisco y que no se la relacione con los diálogos en La Habana. ¿Acaso no es por esa causa por lo que tanto necesitamos del pastor para que nos ayude a atravesar este difícil trayecto?

El cardenal Jorge Mario Bergoglio, una vez elegido por el cónclave como sumo pontífice, optó por tomar su nombre en honor de san Francisco de Asís, poniendo en evidencia que su deseo era ejercer un apostolado humilde y arriesgar cuanto fuera necesario para trabajar por la construcción de la paz.

Su inspiración, san Francisco de Asís, era el hijo díscolo de un importante mercader de telas que soñaba con convertirse en caballero y destacarse en la batalla, oportunidad que encontró en 1202, durante la guerra que se desató entre Asís y Perugia. Sin embargo, lejos de traerle la gloria que soñaba, esta experiencia operó una asombrosa transformación en san Francisco, quien, tras ser capturado por soldados enemigos, pasó en prisión un poco más de un año, y allí enfermó gravemente. Desde su liberación hasta el encuentro con el leproso, san Francisco habría iniciado una vasta búsqueda interior, suscitada por la muerte y la devastación de las que fue testigo en aquellos años violentos.

Desde entonces san Francisco se convirtió en uno de los primeros apóstoles dedicados a promover activamente la paz, arriesgándolo todo en el empeño. Pero predicar la paz no fue sencillo. Se cuenta que instruyó a sus primeros discípulos en saludar a la gente con la frase “que el Señor te conceda la paz”. Sin embargo, este novedoso saludo fue muy mal recibido en una época de hostilidades entre los ducados italianos, en tiempos en los que Asís apenas se recuperaba de la derrota. Esta forma de saludar fue tan mal recibida que los discípulos se sintieron avergonzados y, hartos de soportar insultos, pidieron a san Francisco que lo cambiara, pero él se negó.

San Francisco no solo hablaba a los hombres, sino que predicaba el respeto por cada ser vivo, así como la obligación de coexistir en armonía con la naturaleza como la gran obra de Dios.

Contrariando el orden mundial que establecían las Cruzadas, Francisco viajó a Siria en 1219 y buscó hacer entrar en razón a los ejércitos cristianos, a los que instó infructuosamente a abandonar la violencia. En su razonamiento, no eran tierras ni riquezas lo que debían conquistar, sino el corazón de los musulmanes. Luego atravesó las líneas enemigas, poniendo en peligro su vida, para llegar hasta el sultán, quien, intrigado por la valentía de este curioso monje, aceptó dialogar con él. San Francisco es uno de los grandes pacifistas y promotores del diálogo ecuménico de la historia.

Con nuestro país tan fuertemente polarizado, destilando odio, descontrolado y sinnorte ético, la visita del papa Francisco es un vigoroso mensaje, tanto para los católicos como para los que no lo son. ¡Que el pastor dialogue con el lobo y con la oveja!, y que llegue al corazón de cada colombiano y nos devuelva la perspectiva de lo que significa superar la guerra.

Natalia Springer / El Tiempo, Colombia, GDA