Pablo Cuvi

Pelucones bolivarianos

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Una de las características de los pelucones era que sus estrechas relaciones con el poder les permitían acumular oro, tierras y prestigio. Otra, menos conocida en el caso ecuatoriano, fue su culto a Simón Bolívar como precursor del Partido Conservador. No en vano, cuando el ilustrado Jacinto Jijón y Caamaño, pelucón por antonomasia, lanzó su candidatura victoriosa para la Alcaldía de Quito, allá por 1946, lo hizo al pie del monumento a Bolívar, donde explicó que don Simón era el padre del conservadurismo.

Otro gran estudioso de la vida y obra del Libertador fue el doctor Velasco Ibarra, quien no era precisamente un revolucionario marxista, pero puede ser visto como un precursor de los populismos variopintos que persisten hasta la fecha; aunque -las cosas como son-, él no se enriqueció en el ejercicio del poder como ha sido el caso de las familias Kirchner, Chávez y Ortega-Murillo.

Conservadores, guerrilleros, tecnócratas febriles y neopelucones encuentran en Bolívar algo que les atrae muchísimo: el uso de la mano dura para resolver los problemas. No estamos discutiendo aquí cuán inevitable era ese recurso en la época en que le tocó actuar al Libertador, quien tuvo origen y andares de pelucón, pero, tal como lo haría más tarde Alfaro, lo sacrificó todo por la causa; solo apuntamos a las raíces mitológicas que pretenden suyas los populismos que se inclinan por el autoritarismo, y el militarismo disimulado, para mantenerse en el poder.

El gran modelo populista fue y sigue siendo el peronismo. Más allá de sus políticas sociales y su cantaleta nacionalista, el coronel Juan Domingo Perón y su gallada se enriquecieron con fondos del Estado y delinearon un locuaz e impúdico estilo de gobierno que sería aplicado por Menem y los esposos Kirchner, cuyas fortunas personales han crecido desenfrenadamente. Se diría que la política argentina baila al ritmo del viejo tango Cambalache, según el cual ‘el que no llora no mama/y el que no afana es un gil’.

Pero le correspondería al coronel Chávez, quien se veía a sí mismo como el nuevo Libertador, llevar al paroxismo la simbiosis entre la mitología de Bolívar y las técnicas populistas de izquierda. El resultado del experimento fue la instauración de una dictadura camuflada que se apoya en las Fuerzas Armadas y ha vuelto ricos a muchos jerarcas bolivarianos mientras el país se hunde en la miseria. Por el contrario, fueron los colombianos quienes más resaltaron la filiación bolivariana de su Partido Conservador, por oposición al liberalismo que se remonta a Santander.

Triste destino de los héroes cuyas imágenes son manipuladas por quienes se reclaman herederos de un pasado glorioso. Así, no importa que las ideas de Bolívar, de Alfaro y del Che, por citar tres íconos en uso, se opongan entre sí, porque sus vidas tienen un aspecto en común: haber recurrido a la espada y al autoritarismo para imponerlas. Y haber terminado trágicamente.