Milton Luna

Los feudos se multiplican

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Las crisis sacan lo mejor o peor, de las personas o de los pueblos. En las dificultades surgen los héroes, la valentía extrema, los santos. Pero también emergen las miserias, el descontrol y la ceguera.

Todavía no se desata la crisis; sin embargo, sus primeros coletazos se han hecho sentir con el aumento del desempleo y el pago impuntual de salarios. Aunque el oficialismo se esmere en negarla, muchos datos dan cuenta que se viene algo grande y feo.

Por el momento, el arranque de la crisis esparce miserias cada vez más grandes y seguidas. Las virtudes saldrán, con suerte, más adelante. En estos días, se han expresado la desunión, la fractura, la violencia en todo lado. En el Gobierno y en la oposición; en los políticos y en las organizaciones sociales; en la derecha, en el centro y en la izquierda.

De Alianza País (AP) se desafilian en masa, salen despavoridos militantes de provincia y prominentes asambleístas. Nebot y Lasso confirman públicamente la división de las derechas; las izquierdas, creyéndose fuertes, cada vez más dispersas, se enconchan agresivas; Pachakutik se autoinmola ante las cámaras de TV como intolerante, botando de su casa a invitados de otras orientaciones políticas que querían hablar de concertación estratégica. Las organizaciones de sociedad civil, cada cual con su iniciativa. Las sectas, los feudos, se multiplican.

La crisis en ciernes saca a flote uno de losmayores logros de la revolución ciudadana: la fractura de la sociedad política y de la sociedad civil. Y exhibe sus mezquindades y miopías. También, rompe los diques para el desborde, en todos, de la violencia, la descalificación y el maltrato al otro; actitudes aprendidas todos los sábados.

Hoy, todos somos más prepotentes e intolerantes que antes. Poseemos la verdad. El otro es mediocre y malo. Todos somos borregos de nuestras limitaciones, ambiciones y dogmas. Todos estamos infectados por el virus del poder y el vanguardismo.

Cuando la crisis se dispare, quizá afloren los valores positivos. Eso se espera. Quizá, tener la avalancha encima ayude al desbloqueo de la sensatez y la cordura. Madurez que permita descifrar las prioridades políticas de este momento histórico, y no de otro, que lleve a firmes decisiones para desmontar la maquinaria totalitaria, recuperar la democracia y enfrentar la crisis económica, protegiendo a los pobres. Esto no se logrará sin un amplio Acuerdo Nacional, así de claro.

Si no logramos esto, si seguimos en nuestros feudos, nos revolcará el tsunami económico y social, creando condiciones favorables para repetir una nueva aventura mesiánica, no necesariamente de AP, que tendrá en sus manos, un poderoso aparato estatal controlador y arbitrario, y una sociedad civil más débil y sumisa, listos para continuar con la “modernización capitalista” de AP.