Miguel A. Vasco

Las peripecias de la paz

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La Carta de las Naciones Unidas se suscribió en junio de 1945, en la ciudad de San Francisco, como culminación de un proceso histórico de negociaciones entre los líderes de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. Y este instrumento universal señala que la ONU tiene, entre sus propósitos esenciales, el de mantener la paz y la seguridad internacionales; fomentar entre la naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos; realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos.

A la luz de dicho marco conceptual, que tiene carácter vinculante, la ONU asumió el tratamiento de muy delicados problemas de interés para la comunidad internacional. Uno de ellos, el de la compleja paz árabe israelí. Este es un tema que tiene raíces históricas muy distantes en el tiempo, de manera que nos centraremos apenas en un episodio concerniente a la acción de la Asamblea General de la ONU.

Después de la Primera Mundial, Gran Bretaña tomó posesión de Palestina bajo la figura de mandato de la Sociedad de Naciones, situación en la cual fue objeto de hostigamientos por parte de judíos y árabes, que alentaban sus respectivos intereses incluso con la violencia intermitente como medio de acción política. En abril de 1947, el Reino Unido solicitó una reunión especial de la Asamblea General “para estudiar la cuestión de Palestina”, a la par que anunció su decisión de renunciar al mandato y ponerlo en manos de la ONU. Así se creó el Comité Especial de Palestina, que en su informe de mayoría postulaba crear un Estado judío separado e independiente, un Estado árabe similar y un régimen internacional para Jerusalén. La ejecución del proyecto quedaría en manos del Consejo de Seguridad. Como era previsible, se produjeron enconados debates y no se vislumbraba un acuerdo posible, pero quedó la sensación de que la situación no admitía más demoras.

El 29 de noviembre de 1947 se reanudaron las deliberaciones de la Asamblea General sobre el asunto y se adoptó una resolución coincidente con la propuesta del Comité Especial, con el voto negativo de los Estados árabes. Gran Bretaña se comprometió a abandonar Palestina el 15 de mayo de 1948 y la víspera se fundó el Estado de Israel. El 15 de mayo cruzaron la frontera israelí tropas de varios países árabes, abriendo cauces a una confrontación intermitente.

Ante la intensidad de las confrontaciones bélicas se designó al conde Folke Bernadotte, de nacionalidad sueca y figura de prestigio internacional, presidente de la comisión mediadora de la ONU, quien cumplió una valiosa y sacrificada gestión. En un trágico episodio, fue asesinado en septiembre de 1948 cuando ingresaba a Jerusalén con miembros de su misión. En un salón de la sede de Naciones Unidas hay una placa que honra la memoria de este “apóstol de la paz”.