María Cárdenas R.

¿Qué pasó?

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 45
Triste 1
Indiferente 3
Sorprendido 0
Contento 7

¿Qué pasó? Hace pocos años fue recuperada por un gobierno local que hizo mucho, la del alcalde Moncayo, ¿y hoy? Queda, de nuevo, un barrio histórico; sus edificaciones patrimoniales convertidas en karaokes y bares de mala muerte, fruterías, seguramente sin permisos, destruidas y cayéndose a pedazos. La Mariscal, cuya vida fue devuelta para ser un lugar lúdico, para turistas y quiteños. Donde, las inversiones municipales y privadas no faltaron con la esperanza de darle nueva vida a un sector diferente, que no fuera el Centro Histórico, que, también se ha deteriorado en estos años. La falta de control y el descuido de las autoridades entre el momento en que se reinauguró y el día de hoy es imperdonable. La plaza Foch, centro de este proyecto, en la cual tantos confiaron, cambió su ritmo, y va de mal en peor: la seguridad es cuestionable y el gusto o susto de los turistas que la visitan, lo es aún más.

Abrieron locales con permisos, cumplen con los impuestos como reloj, adecuaron siguiendo todas las reglas tanto de patrimonio como de todas las ordenanzas y, hoy se ven abocados a ser perseguidos por autoridades que deberían dedicarse a clausurar otros locales u obligarlos a cumplir con sus obligaciones porque adquirieron el derecho de servir y atender a la ciudadanía. Parece, que hoy por hoy, eso no es importante y se dejará para otro momento. Dicen las malas lenguas, que para el 2016, mientras sigue degenerándose y deteriorándose.

Dejemos de lado lo material, lo que puede destruirse y pensemos en un futuro cercano, porque quienes más pisan esas veredas e ingresan a esos locales ¿ilegales?, con las obvias excepciones, son los jóvenes, el mañana del país. Y si no beben descontrolados, como lo hemos visto en imágenes, se drogan.

Ahora que paso mis días en este centro que debió ser vital, veo la compraventa de sustancias en todas las esquinas. Las venden mujeres en peligro, desamparadas, “cuidadas” por hombres que no dudan en armar bronca si les ganan su esquina. Este mercado a cielo abierto, donde se vende droga como mandarinas en Santa Clara, está totalmente a la merced de los traficantes e inconsciencia de las autoridades que no tienen ojos para el daño que hacen a esos niños que, perdidos en su camino, recurren a los sueños falsos para descubrir verdades imaginarias que nunca llegarán. Mientras, la Policía Metropolitana no puede ejercer control por orden del Ministerio del Interior y, a su vez, la Policía Antinarcóticos se anuncia a lo lejos con luces y sirenas, ellas corren, se esconden y ¿ellos? Ciegos, porque las ven, ellas y sus bolsitas de droga, reaparecen poco a poco como en un pacto secreto.

¿Es este el lugar lúdico que se recuperó? O, es esta la zona que, tanto autoridades y funcionarios municipales, han puesto en espera, hasta que se destruya totalmente y ya no sea el lugar adonde quieran ir los turistas y sea, además, una gran pérdida económica para la ciudad y el espejo donde jóvenes sin guía reflejen sus esqueletos. 

Este es el momento, no mañana, no el próximo año.

mcardenas@elcomercio.org