Santiago Kovadloff

Eduardo Galeano y yo

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La muerte de Eduardo Galeano es la de uno de mis amigos. La tristeza es, entonces, la de haber perdido algo de mi propia vida. Lo conocí al poco tiempo de haber sido creada la revista Crisis que él dirigió. Me acerqué a su Redacción y le propuse una sección de literatura de lengua portuguesa que contemplara la de Brasil, Portugal y africana de esa misma lengua. Le pareció bien, me resultó de inmediato un hombre grato, hospitalario y sencillo. Recuerdo que esa misma tarde me entregó la copia de un poema de Chico Buarque de Holanda. Me dijo: “Se lo han prohibido en Brasil y me lo envió para que lo publicáramos nosotros. ¿Te animás a traducirlo?”.

Se trataba de Aparta de mí este cáliz. A Chico lo había conocido cuando él era un estudiante de Arquitectura, era muy amigo de uno de mis amigos del Brasil. Me lo presentó un día, aún no había encontrado su camino como compositor y cantante. Poco tiempo después se conoció Qué será, la canción que hizo de él un poeta reconocido por Carlos Drummond de Andrade. Me llevé el poema a mi casa, trabajé en su traducción. Con ella en sus manos, Galeano me dijo: “Está bien. Vas a dirigir la sección de literatura en lengua portuguesa”.

A partir de ese momento nos hicimos cada vez más amigos. Prosperó la sección de literatura afro-luso- brasilera y nuestro acercamiento. Yo solo había publicado hasta ese entonces ‘Poesía contemporánea del Brasil’. Me lo había editado Aldo Pellegrini. Él era ya un escritor célebre. Trabajábamos en mi casa muchas veces por la noche. Él en lo suyo, yo en lo mío. Recuerdo uno de sus cuentos, esbozado en el living de mi casa, se tituló La muchacha en el tajo del mentón. Esa muchacha después iba a ser su esposa.

Galeano logró hacer de la revista Crisis una propuesta cultural equivalente en calidad a la revista Sur, con una orientación de centroizquierda. Otro episodio memorable de nuestra relación de trabajo se refiere a los días previos a la elección de Portugal, después de la Revolución de los claveles, de 1974. Galeano sostenía que el dossier que mi sección debía dedicarle al tema tenía que estar centrado en el candidato del partido comunista, Cabral. Yo sostenía que no; que el centro debía ser la figura de Mario Soares, pues confiaba en que era él quien ganaría las elecciones. Discutimos, siempre en un clima muy fraternal.Ganó Soares.

Creo que Eduardo, en política, propendía a la polarización entre buenos y malos, entre víctimas y verdugos.El formato que lo consagró como un gran escritor fue el de los textos breves, casi aforísticos que hilvanándose en un conjunto brindaban no solo una visión luminosa de los temas que abordaba, sino que también permitían advertir hasta dónde su talento narrativo lo situaba como un estilista de excepción.

Días y noches de amor y de guerra. La memoria y el fuego prueban sobradamente, entre otros libros, lo que digo. Aun mis hijos encontraron lugar en sus páginas.