León Roldós

¿Castigar el ahorro?

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Seguro que no es la intención del Gobierno, pero una medida erróneamente concebida puede llevar a consecuencias no deseadas.

El reciente 24 de mayo, el presidente Correa habría dicho -en versiones periodísticas- “Enfrentaré el costo político que sea necesario, pero en los próximos días enviaré a la Asamblea Nacional un nuevo sistema impositivo para las herencias superiores a los cien salarios básicos unificados” -a valores del 2015, suma equivalente a USD 35 400- continuando “el patrimonio heredado es un factor de inequidad”.

La afirmación que, más adelante, habría hecho el Presidente de que solo tres de cada mil personas reciben herencias por año es equivocada, porque por el solo hecho de la muerte de una persona siempre hay herederos y porción conyugal, aun cuando no hubiera testamento; y, hay decenas de miles de personas que se mueren cada año y dejan algunos bienes de menor o mayor cuantía, de que solo se puede disponer mediante posesión efectiva que la requieren los bancos para que herederos y cónyuges puedan retirar depósitos, los notarios y los registros de Propiedad para que los bienes inmuebles sean inscritos a nombre de los sucesores en derecho; para que las sociedades los registren y puedan ejercer sus derechos societarios; para que los sucesores puedan matricular los vehículos de los causantes, etc., etc. Cuando hay testamento, lo cual no es usual, podrán haber herederos de cuota y legatarios.

Una estadística bien elaborada de la información que se procesa en el sistema financiero, en las notarías y en las áreas societarias y registrales demostraría, con las posesiones efectivas que se tramitan, que hay miles de sucesiones cada año.

Otra cosa es la desvinculación entre tales procesos y lo que debería ser el control tributario, por eso la baja recaudación del impuesto sobre sucesiones. Cada trámite de posesión efectiva debería conllevar el consecuente trámite tributario, para declaración y pago del impuesto a las herencias, legados y donaciones o su exoneración.

La calificación del Presidente de que “el patrimonio heredado es un factor de inequidad”, lo siento un lapsus. Que unos padres resuelvan ahorrar o invertir para dejarles un patrimonio a sus hijos, no debería llevar a una tacha afrentosa.

La clase media debe ser invitada e incentivada a ahorrar, no a gastarse todo, porque sobre lo que puedan dejar a sus hijos, el Estado, usando una frase vulgar, le haría “pelo y barba”.

Verdad que los pobres de pobreza extrema no van a tener bienes que sumen cien salarios básicos unificados, pero hay una creciente clase media que superará con facilidad ese nivel.

Aspiro y espero la reflexión del presidente Correa, para que las personas no salgan a gastar todo lo que puedan, a fin de que el Gobierno luego no les quite sus ahorros y bienes a sus hijos.

lroldos@elcomercio.org