Juan Cuvi

Golpes blandos

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16 de junio de 2014 20:06


El concepto de golpe de Estado blando es una de esas típicas carambolas teóricas que surgen de la suspicacia ideológica.

Fue acuñada por cierta intelectualidad de izquierda a partir de los trabajos de Gene Sharp, un politólogo norteamericano que desde los años cincuenta desarrolló algunas teorías sobre la no violencia como estrategia de resistencia o de respuesta insurgente frente a regímenes autoritarios. Según sus críticos, sus tesis fueron recogidas y adecuadas por los organismos de seguridad y defensa de los Estados Unidos, a fin de reemplazar las viejas estrategias golpistas duras –basadas en la acción militar abierta y violenta– por otras más sutiles.

Otros críticos son más implacables. Sharp sería un agente de la CIA que se ha paseado por todo el mundo provocando golpes de Estado exitosos y fracasados. Entre estos últimos se menciona la intentona golpista de 2002 en Venezuela. Este episodio dio pábulo para que el Régimen chavista lo acusara de ser el inspirador de la derecha venezolana, además de recibir financiamiento de una serie de instituciones vinculadas al Partido Republicano de Estados Unidos.

En el año 2005, el periodista francés Thierry Meyssan escribió un artículo que denuncia las correrías de Sharp por varios países de Medio Oriente, Asia y la ex-Unión Soviética, asesorando a la oposición para derrocar a los gobiernos de turno. El instrumento para cumplir con este propósito es una especie de manual de procedimientos que van desde el ablandamiento hasta la fractura institucional.

De acuerdo con algunos intelectuales adscritos a los denominados gobiernos progresistas de América Latina, este es el manual que se estaría aplicando en Venezuela, Argentina y Ecuador en concordancia con una estrategia regional de desestabilización promovida por la derecha internacional.
Hasta aquí todo empata con la reciente presentación del informe de la Comisión Investigadora del 30-S. Lo misterioso aparece cuando se investigan otras facetas de Sharp.

En una carta pública de 2008, suscrita −entre otros− por Noam Chomsky y Howard Zinn, ambos prestigiosos intelectuales de izquierda, no solo se rechazan las acusaciones de Meyssan, sino que se llama a “continuar con la lucha contra el imperialismo yanqui en todas sus manifestaciones” (!).

En la misma tónica, un documental sobre la obra de Sharp dirigido por Ruaridh Arrow (cuyo título es “Cómo iniciar una revolución”), ha sido descrito como la película oficial del movimiento Occupy Wall Street. Más sorprendente aún es que Sharp fue galardonado en 2012 con el Premio Nobel Alternativo, distinción que ha sido otorgada en ocasiones anteriores a incuestionables pacifistas de izquierda como Manfred Max-Neef, Vandana Shiva, Leonardo Boff y Amy Goodman.
En esta historia subyace algo blando y maloliente.