Gonzalo Ruiz

Las izquierdas sin la izquierda

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Al Encuentro Latinoamericano Progresista, con delegados de 60 partidos de 12 países de América le faltaron la sal y la savia de la izquierda ecuatoriana.Entre los dirigentes y oradores invitados estaban algunas figuras. Nadie negará que el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera es un personaje radical, con sólida formación. Tampoco cabe desconocer que Bolivia ha realizado cambios y que es una economía que pinta mejor que otras.

Por eso es que sonó extraño que García Linera emplease, como un disco rayado y conocido, seguramente para muchos lectores estas premisas: hay que crear una estrategia para que los líderes se queden en el poder, que ‘la restauración conservadora caliente las calles’ para buscar gobernar. Cualquier parecido es eso, parecido y además, no es coincidencia. Suena a lamento de los actores de la larga noche populista.

Como parte de los expositores ecuatorianos participaron funcionarios públicos que pronunciaron sus discursos. Para Alianza País, la representación del Vicepresidente le habrá parecido, seguramente, de auténtica izquierda.
Cuando Cuba se abre al mundo y se debate el tema de la libertad de prensa en la isla, los nombres de los expositores oficiales fueron una muestra de la realidad nacional.
En un país donde, desde el poder, se impuso una Ley de Comunicación que busca controlar y castigar a medios y periodistas, las voces oficiales dan cátedra. Curioso.

La gran reunión, que tuvo ese sabor inocultable de la convocatoria desde el propio poder, se financió acaso con fondos de los partidos. No debió suceder que la cita y su logística se haya cubierto con dineros públicos. Fondos procedentes de los esforzados contribuyentes, los impuestos de todos los ecuatorianos. Mucho menos en tiempos de penuria fiscal. Vacas flacas en el país y alguna vaca sagrada en el podio.

Pero lo más inquietante es que a la
reunión de las izquierdas le faltó una parte sustancial de la izquierda: la ecuatoriana.

No estaban partidos identificados con esa tendencia que ahora son críticos del Gobierno. No se supo de los dirigentes históricos de Pachakutik, por ejemplo. Tampoco acudieron los ahora tachados desde el poder como ecologistas infantiles, que han luchado por las causas ambientales y hoy son despojos del ejercicio del poder.

Tampoco fueron los militantes del MPD, un aliado coyuntural al principio de la revolución ciudadana y que hoy es uno de los grupos atacados por la retórica del poder.

No fueron invitados los disidentes socialistas, que suman a las cabezas pensantes de una dirigencia que se separó de la entente oficial y rompió con sus antiguos compañeros de lucha. No, no estaban.

No se vio a los dirigentes sindicales del Frente Unitario de los Trabajadores. Ahora el Gobierno tiene su propia CUT, hecha a la medida.

La cita se da en plena activación de alianzas público-privadas y la búsqueda de inversiones y capitales. Todo un muestrario de la praxis de esta revolución.