Daniela Pastrana

Crisis humanitaria en Latinoamérica

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“Esto es una crisis humanitaria”, sintetiza Bertha Zúñiga Cáceres, en referencia a la situación de violencia en Honduras, México y otros países de América Central, con cientos de miles de víctimas, en cuyo origen está el delito transnacional y que resulta invisible para la comunidad internacional.

La hija de la activista ambiental indígena Berta Cáceres, asesinada el 2 de marzo, pasa por México después de recorrer varias ciudades europeas para pedir ayuda en el esclarecimiento de la muerte de su madre y la cancelación del financiamiento al proyecto hidroeléctrico en Agua Zarca, al que se opone el pueblo lenca. Admite que, a pesar de las amenazas y del asesinato de otros activistas, no creyó que se atrevieran a dar muerte a una lideresa con un perfil internacional tan alto.

Ella misma y sus hermanos habían salido a México por las amenazas contra integrantes del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), la organización que creó Cáceres hace 23 años. Llevaba un mes estudiando en México cuando asesinaron a su madre. Ahora, cuenta de comunidades que son desplazadas y obligadas a dejar sus tierras, como consecuencia de un sistema “neoliberal, racista y patriarcal”.

Las víctimas no son solo del pueblo mesoamericano de los lencas, asegura, también afecta, por ejemplo, a los garífunas, el grupo étnico que es un mestizaje de esclavos africanos e indígenas caribes, desplazados para la construcción de grandes centros hoteleros en sus tierras costeras.

A ello se suma una violencia institucional, surgida a partir del golpe de Estado de 2009, mezclada con la violencia criminal que ha expulsado a miles de personas a buscar refugio fuera de Honduras.

Rubén Figueroa, coordinador del Movimiento Migrante Mesoamericano, que ha organizado 11 caravanas de madres centroamericanas que buscan a sus hijos desaparecidos en territorio mexicano, coincide con el diagnóstico de Zúñiga Cáceres “La situación en toda la región del Triángulo Norte de Centroamérica es una tragedia humanitaria”, dijo el activista por los derechos de los migrantes.

“Aquí no se escuchan bombas (como en Medio Oriente, por ejemplo), pero sí se derrama sangre, sí hay muertos, muchos muertos. Es una situación que debe ser atendida de forma urgente por Acnur (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados)”, insistió.

Según el Informe Global 2016 sobre Desplazamientos Internos, publicado este mes por el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno, 40,8 millones de personas en el planeta habían sido desplazadas por conflictos y violencia al cierre de 2015. De ese total, al menos 7,3 millones de los desplazamientos forzados ocurrieron en América Latina, la mayoría de ellos en Colombia, como consecuencia de su largo conflicto armado.