Grace Jaramillo

¿Importan las mujeres?

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¿Les importan las mujeres? No es una pregunta retórica, es una acusación directa para el Estado ecuatoriano, encarnado por ahora en el Gobierno de Alianza País, tras las afrentas recientes.
Puedo empezar con los golpes propinados por guardias de un Gobierno extranjero a una manifestación de mujeres cerca del IAEN, que casualmente está dirigido ahora por una mujer. Vaya ironía.

No solo que este incidente nunca debió haber pasado. Los protocolos diplomáticos sobre seguridad presidencial son muy estrictos y, dados los antecedentes de represión de las fuerzas de Tayyip Erdogan en todo el mundo, es indignante que la Cancillería ecuatoriana haya permitido siquiera esta afrenta. Pero, al parecer, ellos se sienten más inclinados a pedir disculpas antes que a exigir explicaciones.

Lo cual me lleva al segundo punto. ¿Cómo pedir que una Cancillería prevenga o al menos se conmueva por la agresión a mujeres ecuatorianas cuando ha trabajado con esmero para que un acusado de violación y acoso sexual sea una prioridad de política exterior? Por supuesto, me refiero a Julián Assange. Como dijo Siobhan Fenton, en el diario The Independent de Londres, el de Assange es el típico caso en el cual los derechos de un hombre blanco, famoso y poderosamente influyente, son mucho más importantes que los derechos de dos mujeres a ser escuchadas. Hasta ahora, Assange nunca ha podido probar que este proceso es un ‘Caballo de Troya’ para extraditarlo a EE.UU.

¿A alguien le interesa saber si Assange es un delincuente sexual? Por supuesto, no a Naciones Unidas y mucho menos al Gobierno del Ecuador, cuyo Canciller llegó a decir que esa ofensita no sería nada en Latinoamérica.

Pero qué nos asombra en un país donde el abuso sexual se toma tan ligeramente, Assange apenas es una cereza al pastel.

No obstante, lo más grave de todo es la política de salud sexual y reproductiva, en medio de una crisis de proporciones, como es la amenaza del virus zika. Un verdadero Gobierno progresista, laico, con vocación por los más pobres estaría en una campaña masiva de distribución de anticonceptivos -incluyendo pastillas del día después- a adolescentes y mujeres en riesgo desde los 12 años. No solo recomendando a secas “posponer el embarazo”. Como si fuera tan fácil en un país donde la mayoría de embarazos son no deseados (más del 50%) y donde el embarazo adolescente sobrepasa el 20%, muchos de ellos fruto de violaciones o pleno desconocimiento. Ese mismo Gobierno progresista debería estar enviando con carácter de urgente un proyecto de ley de despenalización del aborto, hasta 12 semanas de gestación.

Habrá que seguir luchando porque algún día llegue un Gobierno así, al que de verdad le importen las mujeres, especialmente las más pobres y no solo como herramienta de marketing para que se vea “diversidad de género” en puestos importantes.