César Montúfar

Geopolítica del Mar Negro

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8 de September de 2014 00:05

Según el geopolítico George Friedman de Stratfor, si miramos el mapa mundial y ubicamos en él los lugares en los que se desenvuelven los principales conflictos mundiales del presente constatamos que el Mar Negro y los países que lo rodean constituyen uno de los epicentros de la geopolítica mundial. Ucrania y la península de Crimea, hoy anexada por Rusia, se encuentra al norte de este mar. Este estado, hoy amenazado, es paso obligado de gran parte del gas que Rusia exporta a países europeos tan importantes como Alemania.

Al este, tenemos a Georgia y Azerbaiyán que, en conexión con el Mar Caspio, constituyen también un corredor de suma importancia de los recursos energéticos que alimentan Europa. Al sur, está Turquía, al sureste nada menos que Irán, y más al sur, a menos de 700 kilómetros, Siria e Iraq, países en que se desarrolla otra crisis, con proyecciones tremendamente desestabilizadoras y violentas.

La crisis ucraniana, el surgimiento del Estado Islámico, el futuro energético de Europa son situaciones muy graves que ocurren alrededor del Mar Negro. Temas de sobrevivencia estatal, seguridad energética, choque de intereses entre grandes potencias, graves vulneraciones a derechos fundamentales, crisis humanitarias se involucran en un tinglado geopolítico que en los últimos meses no ha hecho más que agravarse. Recordemos que precisamente en esta región ocurrió en 1854 la Guerra de Crimea, que abriría la puerta para la disolución del sistema internacional del siglo XIX, el mismo que culminaría en la vorágine de barbarie desatada por la Primera y Segunda Guerras Mundiales y la muerte de todos los imperios euroasiáticos. En ese sentido, la centralidad geopolítica del Mar Negro no es nueva, al parecer solo se estaría reeditando, como si el peso de la geografía volvería a tener una importancia decisiva en el futuro de la humanidad.

En el presente, Estados Unidos se encuentra en el ojo del huracán y carente de una perspectiva clara sobre cuál debería ser su papel en la región. Su confrontación con Rusia a propósito de Ucrania podría reeditar una trágica nueva versión de la Guerra Fría con inciertas implicancias para Europa y Asia Central. En Oriente Medio, otra región clave por sus recursos energéticos, la posición estadounidense es aún más complicada. Aparte del inhumano conflicto israelí-palestino, la crisis siria, la fractura del Estado iraquí y el surgimiento de un Estado Islámico anuncian un proceso de apariencia irreversible de disolución de los estados artificialmente creados luego del colapso del Imperio Otomano, a principios del siglo XX, y la posterior intervención británica y francesa. El mapa de Oriente Medio afrontará una acelerada redefinición.

El futuro de la región ampliada del Mar Negro tendrá sin duda un impacto geopolítico cuya magnitud aún no es posible comprender, no solo en el ámbito político y de seguridad, sino en lo relativo a la suerte de la economía mundial. Lo único claro es que ningún actor ha conseguido aún delinear un libreto adecuado para enfrentarlo.