Gonzalo Maldonado

Por qué debimos ahorrar

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Las autoridades han dicho que si hubieran dificultades para financiar el déficit, la variable de ajuste será la inversión; es decir que si el Estado no genera ingresos o no consigue deuda en montos suficientes, aquella brecha fiscal será cubierta con recortes en el gasto de capital.

Yo me pregunto: si no pudiéramos financiar el déficit ¿no sería mejor bajar los gastos corrientes en vez de los de capital? Después de todo, las inversiones que el Estado ha hecho en carreteras, hidroeléctricas, hospitales, etc. son las únicas que han puesto al aparato productivo en movimiento, pues la inversión privada ha sido prácticamente nula durante estos años.

Reducir la inversión cuando se avecina un escenario económico difícil –por la apreciación del dólar o la desaceleración Europa y China, por ejemplo– solo empeoraría aquel entorno complicado que enfrentaremos. Sería como abrir las ventanas cuando estamos a punto de contraer gripe.

¿Si las propias autoridades han confirmado la presencia de aquellas difíciles condiciones, por qué recortarían los gastos de capital en vez de los corrientes? Porque reducir el gasto corriente tiene un alto costo político, como han mostrado con largueza las experiencias de ajuste de los años 80 y 90.

En los gastos corrientes no solo están los sueldos de la burocracia –que ya se acercan al 10% del PIB– sino rubros muy sensibles como los subsidios al gas y a las gasolinas, que ya suman 2 600 millones de dólares. Reducir esos subsidios –que no son otra cosa que pérdidas netas para el Estado– equivaldría a provocar una cadena de ajustes en otros precios no necesariamente relacionados con el transporte.

En los gastos corrientes también están los pagos de interés que el país debe hacer por su deuda interna y externa. A partir de 2010 la deuda total del Ecuador volvió a crecer. Ahora es el doble de lo que era incluso antes de la considerable reducción conseguida por este mismo Gobierno en 2009.

Afortunadamente el saldo de la deuda no es alta en términos relativos pues representa apenas una cuarta parte del PIB. El problema de esa deuda es, sin embargo, que su perfil de pagos es bastante apretado: del país deberán salir más de 1 200 millones dólares en los próximos dos años, solo por concepto de intereses. Refinanciar esa deuda podría ser una solución, sobre todo si se hiciera con el Banco Mundial o el FMI, organismos tan despreciados por este Gobierno...

Como no existe la disposición de asumir un costo político para corregir las distorsiones que ha generado el excesivo gasto público, el Gobierno tendrá que endeudarse más para que la economía no se detenga. Esta es una solución temporal que producirá más distorsiones si el precio del crudo sigue cayendo.
¿Ven por qué hubiera sido bueno ahorrar?