Jorge Ribadeneira

Fujimori y sus altibajos

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Cuando, sorpresivamente, se viró la tortilla y el peruano-japonés Alberto Fujimori derrotó al postulante favorito -el afamado novelista Mario Vargas Llosa- con un 60% de los votos y ganó la presidencia del Perú, en 1990, hizo tres ofertas muy difíciles de cumplir. Nada menos que derrotar a la temible guerrilla de Sendero Luminoso, arreglar la economía destrozada por las barbaridades del presidente Alan García y firmar la paz con Ecuador, luego de más de un siglo de rabiosa enemistad y de confrontaciones armadas.

¿Cómo le fue? El 12 de septiembre de 1992, la fuerza pública peruana apresó al temible Abimael Guzmán, jefe de Sendero Luminoso, un grupo subversivo maoísta que en 1980 dio paso a una serie de audaces ataques en pos de acabar con el Estado peruano. La prensa dijo que fue “la captura del siglo” y Guzmán fue sentenciado a cadena perpetua, acusado de 37 000 muertes. Sigue preso. En 1997 otro grupo terrorista, Túpac Amaru, sufrió un golpe mortal luego de que tomó un centenar de rehenes en una Embajada. Misión cumplida en ese tema.

El presidente aprista Alan García llegó al poder en ambiente de ilusiones pero su manejo económico fue fatal. La inflación superó el 3 000% y se fue a la nubes, el Estado se declaró en bancarrota, la balanza de pagos acusó 581 millones de saldo negativo y, finalmente, García quiso estatizar la banca.

La oposición encabezada por Vargas Llosa le frenó. Terminó en el desastre. Para dar paso a la recuperación, Fujimori hizo lo bueno, lo malo y hasta lo feo. Pero cumplió.

En el problema secular con el Ecuador, Fujimori tuvo un papel preponderante en el camino hacia la solución, actuando como el único presidente peruano. Por el Ecuador dieron su aporte Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén, Abdalá Bucaram, Fabián Alarcón y, en la firma de la paz, Jamil Mahuad.

Fujimori dio un primer paso visitando Quito, por invitación de Borja, y fue recibido no solo con buena voluntad sino con entusiasmo. Sixto Durán viajó a la ciudad peruana de Trujilllo y sucedió lo mismo. El “bisabuelito” ecuatoriano fue aplaudido apoteósicamente. Los dos países querían, pues, la paz, que se firmó en Brasilia el 26 de octubre de 1998. Misión supercumplida.

Pero la historia de Fujimori no terminó allí. Con alzas y bajas gobernó dos períodos y en el segundo lo hizo cerca de un personaje negativo y acusado de corrupción, Vladimiro Montesinos.

Don Fuji quiso un tercer período y cayó estrepitosamente. No solo eso. Luego fue juzgado y acusado gravemente: asesinatos con alevosía, secuestros, cohechos, culpable intelectual de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, apropiación indebida de 450 millones de dólares. Finalmente, sentenciado a 25 años de prisión. Sigue en la cárcel, como Abimael. Pero el fujimorismo no murió y su hija Keiko estuvo cerca de ganar la presidencia. Un apreciable porcentaje de peruanos está por la amnistía. Con sus 77 años, Alberto Fujimori cree que fue acusado con odio y los comentaristas lo consideran un caso polémico y espectacular.