Columnista Invitado

Los límites del Prometeo planetario

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El mito de Prometeo ha inspirado a muchos autores, a lo largo de la historia, para referirse a la osadía del hombre de querer dominar los dones divinos; por ejemplo, controlar el fuego. Hoy la Tierra está amenazada: la pobreza y la inequidad, el hambre y la mala distribución de los recursos (una quinta parte de la población africana padece desnutrición), el calentamiento global con el consecuente cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales y la pérdida de la biodiversidad.

La humanidad, en los temas ambientales, se divide entre optimistas, quienes creen que las tecnologías prometeicas salvarán el planeta, y pesimistas, los que piensan que esas tecnologías son las culpables del desastre.

No obstante, el combate contra las amenazas letales ambientales, desde el punto de vista tecnológico, presenta varios problemas. La eficiencia energética (reducción del uso de energía y materiales por unidad de producto) no necesariamente implica menor uso de materiales y energía totales; por ejemplo: los autos son cada vez más eficientes, pero cada vez hay más autos. Pero, además, las brechas entre países de mayores y de menores ingresos han aumentado. La distancia de eficiencia energética media entre países ricos y pobres subió: en 1971, era de 4.1 veces; el año 2011, 5.1 veces.

Una opción para evitar el desastre sería un decrecimiento en los países ricos y ‘descarbonizar’ sus economías. Otra posibilidad: un cambio de las fuentes energéticas, esto es sustituir energía fósil, que cada vez es más costosa de obtener en términos económicos, sociales y ambientales, por energía limpia del sol o del viento. Se podría también pensar en una mejora en eficiencia energética en los países del sur: propiciar el bioconocimiento (uso inteligente de la biodiversidad y conservación de ecosistemas naturales); acceder al uso de patentes tecnológicas –al menos las ya expiradas-. Un dato impresionante: en el año 2013, hubo 1 624 969 solicitudes de patentes de residentes en todo el mundo, y América Latina y el Caribe tuvieron menos del 1 % de ese total (7 582).

Así como el fuego (que mejoró la seguridad y la alimentación del hombre primitivo) solo se complementó con la aparición del lenguaje para hacernos humanos, la tecnología tiene límites: no salvará al planeta, si no cambiamos nuestras relaciones de producción y consumo globales, y las reglas internacionales para acceder al conocimiento –mención aparte merecen los tratados de libre comercio que expanden las ventajas en materia de propiedad intelectual de los países y empresas del norte rico e industrializado-.

En gran parte tienen razón los admiradores de Prometeo. Porque la salvación del planeta no vendrá como un regalo de los dioses, en recompensa a nuestra fe. Los latinoamericanos tenemos que orientar todos los recursos hacia la resolución del problema global. El sector público, la universidad y la industria deberán unirse para enfrentar al monstruo creado por nosotros mismos. No hay que contar mucho con los países ricos, aunque ellos sí tendrán que contar con nosotros en la hora crítica.

Fander Falconí