Enrique Ayala Mora

Iglesia latinoamericana

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La Iglesia Católica latinoamericana tiene una larga historia de unidad, que se consolidó en el siglo XX. Por ello, muy tempranamente de creó la “Conferencia Episcopal Latinoamericana” (CELAM) una institución que cumplió un gran papel de coordinación regional, consulta y desarrollo doctrinal.

En la segunda mitad del siglo veinte, el desarrollo de la “cuestión social” en Latinoamérica devino, para muchos miembros del clero y comunidades de base, en un compromiso contra la injusticia y el “pecado social” prevalecientes. En el Concilio Vaticano II (1962-1965), convocado por el Papa Juan XXIII, el sector progresista del episcopado latinoamericano estuvo a la cabeza de los cambios, pidiendo una acción eclesial dirigida a los pobres y más cercana a las realidades de la región latinoamericana. La CELAM fue el eje de una nueva acción pastoral en el continente y un referente para otras regiones del mundo.

Dentro de la Iglesia se consolidó una percepción de que América Latina no era solo un gran espacio geográfico y cultural, sino un continente en que la mayoría eran creyentes, pero también pobres, que no podían separar su vida religiosa de sus necesidades materiales. Por ello, la fe llevaba a la lucha por el cambio social. Surgió una Iglesia comprometida con los pobres, cuya expresión doctrinal fue la “Teología de la Liberación”, que no solo fue una realidad eclesiástica, sino uno de los productos más destacados de lo que América Latina generó para entenderse a sí misma y para superar el subdesarrollo, a partir de su historia y su identidad fuertemente influenciada por el cristianismo.

La Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), que en un momento planteó tesis muy progresistas, ha sido la institución regional de mayor actividad y presencia continental en el catolicismo mundial. No pocos de los miembros de la jerarquía, formados en el integrismo católico, se convirtieron en activistas de las nuevas posturas y terminaron enfrentados a las autoridades vaticanas. Como ejemplos, entre muchos, están Helder Cámara, Sergio Méndez Arceo, Leonidas Proaño, Gustavo Gutiérrez y Oscar Romero.

Las tendencias progresistas dentro de la Iglesia Latinoamericana encontraron resistencia en fuerzas y sectas integristas que se asentaron en el subcontinente, por lo general vinculadas a los grandes poderes económicos. Para las autoridades vaticanas, controladas por fuerzas conservadoras a fines del siglo XX e inicios del XXI el calificativo “latinoamericano” pasó a ser sospechoso. La propia CELAM fue intervenida por el Vaticano, se limitaron sus actividades y se le recortó su autonomía.

Ahora, como una reacción desde dentro y con la elección de un papa argentino, la Iglesia Latinoamericana está en un proceso de revitalización que ya se siente con fuerza y vigor en el continente.