Washington Herrera

“Que nadie se quede atrás”

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Este es el compromiso de la Agenda de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, que me parece útil para el caso del Ecuador, para corregir el modelo de Correa, continuado por Moreno, que es insostenible desde cuando bajaron los precios altos del petróleo. “Que nadie se quede atrás” debe ser un compromiso de todos los sectores de la sociedad para movilizar internamente los recursos suficientes para implementar políticas en favor de la disminución sustantiva de la desigualdad mediante la aplicación de medidas inclusivas que generen trabajo adecuado, como fin último del desarrollo sostenible.

Esto demanda cambios profundos, incluso cambios culturales, para que el gobierno asuma con claridad las consecuencias de sus actos y la sociedad entienda la importancia de compensar a quienes todavía no han se han beneficiado en nada del progreso del Ecuador, considerando que la solidaridad de quienes han acumulado poder económico y poder político no es espontánea.

Los frutos del progreso han generado una clase media emergente con pretensiones burguesas que soslayan a los pobres que se han quedado atrás, frente a lo cual el Estado tiene la obligación de decirnos qué va a hacer. A propósito en el nuevo Consejo Consultivo de Producción y Tributación no se deben quedar atrás los trabajadores que tendrán mucho que decir para recibir salarios en función de su mejor productividad, para debatir sobre la flexibilización de leyes laborales que disuaden a los inversionistas y obstaculizan la ampliación de puestos de trabajo y también para pugnar porque el impuesto a la renta del Capital sea igual al del Trabajo.

La Agenda 2030 de Naciones Unidas prevé la revolución tecnológica con la inclusión de todos. Ya no es el tiempo en que los inversionistas buscaban países de mano de obra barata para trabajar en labores elementales y de baja complejidad. Ahora los inversionistas prefieren los países en dónde las destrezas y conocimientos digitales de la población sean competitivos para que las empresas modernas funcionen. Por eso la revolución tecnológica del Ecuador debe empezar por preparar a los niños en el conocimiento digital, pues si no se siembran estas raíces el Ecuador no tiene destino, que no sea vender plátanos, cacao, café, camarones y productos del mar; cuyos dólares están siendo dilapidados en importar, sin control, bienes poco necesarios.

Los inversionistas van a venir al Ecuador si hay capital humano bien preparado.

No van venir solo porque les den incentivos tributarios. Incluso aquellos ecuatorianos que han acumulado durante largo tiempo 30.000 millones de dólares en el exterior repatriarían sus capitales si encuentran buen personal para producir rentablemente.

Habrá que escoger los sectores que merezcan ser protegidos: si dan empleo, aplican innovaciones tecnológicas y producen nuevas exportaciones.