Enrique Echeverría

¿Hacia dónde vamos?

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En 1934 apareció en el mundo musical el tango Cambalache, del argentino Enrique Santos Discepolo.

Además de su alto valor musical, constituye una expresión angustiosa de la realidad social, recogido en la letra: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Prosigue: “Cualquiera es un señor”. “Cualquiera es un ladrón”. Concluye: “Es lo mismo el que labura noche y día como un buey, el que vive de las minas (mujeres), el que mata, el que cura o está fuera de la ley”

Esta remembranza nos trae al recuerdo el Dr. Ernesto Albán Gómez, uno de los Maestros actuales del Derecho Penal, en el suplemento Guía Legal, de E.

Recuerda tiempos bárbaros en cuanto al castigo al delincuente: “Un perro, un gallo, una culebra y un mono”, animales que sepultaban junto a un asesino (cuyos nombres consigna). Rememora la hoguera en que quemaron viva a Juana de Arco. Y cómo el gran ambateño Juan León Mera propuso la eliminación de la pena de muerte en la Convención de 1861 y que fue posible completamente tan solo 45 años después, en la Constitución de 1906, con Alfaro.

¿Qué acontece en estos tiempos? ¿Acaso estamos marchando por el mismo camino? ¿Recién es el comienzo, o ya estamos a mitad?

La delincuencia está en boga y aplicando métodos terribles, como dar muerte para privar de un celular. A fines del mes pasado se dio a conocer que el consumo de marihuana subió entre estudiantes. Ya no hay seguridad ni para las personas, ni para las viviendas: los ladrones actúan bajo amenaza o muerte.

Cerca de Quito, una hija planificando el asesinato de su madre, para anticipar la herencia. En un taller mecánico, rociando con gasolina a un trabajador; y el colmo de la ausencia de misericordia: “Delincuentes le sacaron las uñas a un taxista” como parte de la tortura. En Guayaquil se dio cuenta que con la muerte de este taxista eran 146 asesinatos en 2017.

Y en la capa superior de la sociedad: gente preparada, con títulos doctorales actuando en la contratación de obras públicas bajo sobornos y hasta con pérdida de la vergüenza. Por mucho tiempo sonarán las palabras del representante de la corrupción de Odebrecht José Concientiao Santos, revelando que fue llamado para interesarle en la obra de la Refinería de Manabí y se dio cuenta de que algunos ecuatorianos “se volvían locos” porque pensaban que en este negocio podían tomar comisiones. “El negocio aquí de las comisiones es muy grato”. (EL COMERCIO 6 de agosto, 2017, página, 2)

Como dice el tango: ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! En este panorama es indispensable no solo una cirugía mayor, sino dos o tres, nuevamente bajo la decisión de la frase presidencial: ni un paso atrás.

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