Gonzalo Ruiz

Divide y perderás

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Durante ya casi ocho largos años la polarización y el discurso altisonante ganaron la pelea política. Pero la táctica toca fondo.


El arte de persuadir se ha manifestado con toda su artillería desde el aparato oficial y sus millonarias ‘inversiones’ de propaganda pagada con el dinero de todos los ecuatorianos. Los resultados de esta guerra sucia se agotaron ya.

Desde el primer día la ‘intuición o sabiduría’ de algún consejero extremó la crispación. Ante la ausencia de rivales políticos de entidad y peso nacional había que inventarse el alter ego que sea blanco de toda crítica, el putching ball de todos los golpes que asestaría el mesiánico Gobierno.

Todo empezó con el avasallamiento en las cadenas sabatinas, la descalificación, los insultos y las tachas a gorditas horrorosas y enanos que no debían atreverse a chistar ante el depositario de los votos y el que sabía ganar todas las elecciones.

La incautación de canales de TV, la creación de costosos medios disfrazados de públicos pero que seguían (siguen) al pie de la letra el relato y el discurso oficial, el avasallar a los medios y periodistas críticos hasta su silencio desplazándolos de las pantallas que eran sus tribunas siguió su marcha.

Los casos del juicio a diario El Universo y a los periodistas que investigaron y escribieron los reportajes que fueron insumos del libro El Gran Hermano, quedaron en el campo de batalla mal heridos por el despliegue de un solo poder armado en escena.

Por eso es que la calificación de una guerra planetaria que empleó el Presidente en algunas entrevistas fuera del país, mostraba su particular visión del rol de los medios, el pobre concepto que tiene de la independencia de ellos y la frágil descalificación a los medios privados como mercantilistas.

Las batallas jurídicas duras y complejas en foros internacionales van dando la razón a los periodistas y la prensa. Las encuestas que se comentan dan a los medios privados la credibilidad que las audiencias y lectorías han ‘privado’ a los medios que presentan una sola voz y es la del Régimen.

Los periodistas y medios sobreviven a la tormenta con dignidad y la única razón de ser, valedera y alentadora: el respaldo de miles de oyentes, televidentes y lectores y la credibilidad que se quiso vulnerar.

Pero esa visión precaria, artera y de baja estofa continúa con cadenas que interrumpen a importantes noticieros radiales para replicar y hasta reprender con tono de superioridad al periodista. Siguió con la ruptura de periódicos, con estrujarlos y arrojarlos al tacho de la basura , o con la afrenta a Alfonso Espinosa de los Monteros.

La última ‘perla’ de este collar de agravios es la pieza argumental de una libertad amenazada por banqueros, periodistas y empresarios. La repugnante forma de abordar a la protagonista de la libertad atenta contra el respeto elemental a la mujer y su dignidad y agrede a amplios sectores de empresarios limpios y periodistas honrados. La visión goebbeliana y maniquea se destapa impúdica. Tocó fondo.