Jorge Ribadeneira

Las cosas de papá Aucas

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Allá por febrero de 1945, el “nuevo equipo” Aucas estaba listo para entrar en el torneo de fútbol de Pichincha, con una constelación de cracks y en calidad de heredero de la Selección Militar y del club Titán. Tenía, por añadidura, el auspicio de la empresa Shell, famosa en el mundo pero que fracasó en su empeño de encontrar petróleo en la amazonía ecuatoriana. ¿Cómo así? Misterio.

Con toda prosa los dirigentes del nuevo club Aucas dijeron a los de la Asociación de Fútbol de Pichincha. “Queremos entrar a este torneo para ser campeones de Quito”. Los jefes del fútbol capitalino se sintieron ninguneados por los auquistas y respondieron: “bien. Pero para entrar al fútbol quiteño tienen que jugar un partido con el equipo colista de 1944”. La pregunta fue: ¿y cuál fue el colista?. La respuesta: fue Liga Deportiva Universitaria. LDU”.

Los dos equipos, Aucas y LDU, entraron, pues, a la cancha. Aucas con los famosos hermanos Garnica, César -el del garnicazo- y Carlos, el fino centro half; con el arquero Chalmeta Naranjo (Pérez en la vida real); con los defensas Marco Bermeo, el recio, y el saltarín negrito Angulo; con los fodwards Gavilanes, Acevedo y Montenegro; con el fortacho half Lucho Torres. ¿Qué más pedir?

La LDU se plantó humildemente con el arquero Loza, los zagueros Germán Dávila y Antonio Salgado, con el movedizo ‘half omoto’ Rodríguez y el delantero chileno Díaz, entre otros. ¿Qué pasó? Una gran sorpresa. El poderoso Aucas no le pudo ganar al colista Liga. Empataron 2-2 y tuvieron que jugar otro partido. Los aucas reaccionaron furiosos. “Vengan doctorcitos, para sacarles la m....”, les gritó Bermeo. Pero nada de eso. Otro empate 2-2. Tiempo suplementario. Igual. La Asociación intervino. “Basta. Se quedan los dos en primera”.

Así entró el Aucas al campeonato quiteño. Pero tan furioso por los empates con el colista que fue campeón, de entradita, por cinco años consecutivos, tres de ellos invicto (1945, 46, 47, 48, 49) y obligó a los liguistas y al resto que le llamen “papá” o “papito”. Más aun cuando ingresó Gonzalo Pozo, Pocito, el único superviviente oriental. El clásico con los chagritas de Liga se consolidó cuando la “U” campeonó en 1952, 53 y 54 en seguidilla. Papá Aucas tiene, pues, su historia, aunque con el paso de los tiempos fue bajando de nivel hasta perder dos categorías. Pero siempre conservó a su hinchada, cada vez más veterana pero fiel y ahora ensaya un retorno a la primera. Como en 1945.

El que fue presidente deportista, Galo Plaza, dio el primer paso para forjar la historia de Aucas. Cuando fue ministro de Defensa, en 1939, organizó un torneo militar y allí aparecieron los Garnica y el resto. Se conformó entonces la Selección Militar, que se transformó en el club Titán y ya saboreó el título de campeón. En 1945 -con la anécdota que ya contamos- nació el inolvidable Aucas, que nunca será el papito de antier pero que ha tenido el mérito de sobrevivir pese a las tristezas y amarguras de sus etapas segunda y tercera. Fuerza, Aucas.

jribadeneira@elcomercio.com