Enrique Ayala Mora

Consenso nacional

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Mientras más pronto iniciemos una campaña para el radical cambio de la Constitución, más rápido se empezará a desmantelar su trama reaccionaria, corporativista y autoritaria. Reformarla en la Asamblea Nacional, como se ha visto, es inviable. Solo queda un camino, la Asamblea Constituyente, que está prevista en la propia Constitución.

Debemos advertir dos cuestiones.La primera, que si bien un cambio constitucional es indispensable, ni una constituyente ni una constitución nueva o radicalmente renovada cambian la realidad ni permiten “refundar el país”. Un cambio integral y radical implica la transformación socioeconómica. La reforma jurídica no puede suplantar al poder popular y al cambio social y económico. La reforma constitucional pondrá la base institucional para que la sociedad y el Estado funcionen, pero las transformaciones no son jurídicas.

La segunda cuestión fundamental es que también es necesaria una cultura política de respeto a los valores que consagra la Constitución. Ni la observancia ni la reforma de la Constitución son mecánicas. Suponen una sociedad que las acepte y respete. Y eso toma tiempo.

Una Asamblea Constituyente que le dé al país una Constitución duradera no puede improvisarse. Es esencial que se empiece a discutir el contenido de las instituciones constitucionales que se pretende cambiar o reformar. Hay que hacer propuestas para el largo plazo. Hay que pensar en una Constitución para el país y no para acomodar al gobernante de turno. Las organizaciones representativas, las universidades deben crear un espacio para este debate necesario.

La convocatoria a una Asamblea Constituyente debe ser la culminación de un proceso de participación y debate. Debemos iniciar de inmediato la promoción en la opinión pública de la idea del cambio constitucional y la realización de la Asamblea. Si estamos defendiendo a la sociedad organizada, hay que ir a las organizaciones de la sociedad para lograr su comprensión y respaldo. El cumplimiento de los requisitos para la convocatoria será fácil en su momento si lo insertamos en la movilización popular y la protesta que están en marcha.El pueblo debe ser el protagonista de su constituyente. De ninguna manera la iniciativa debe convertirse en instrumento electoral de tal o cual tienda política o temprano candidato.

El gran objetivo solo podrá cumplirse si se entiende que la Constitución es para todos. No para un partido, para un grupo social, para un caudillo. Su redacción no puede hacerse contando votos, sino con un gran acuerdo social en el que confluyan amplios sectores y se logren consensos, al menos en ciertos aspectos.Siempre habrá diversas posturas en una sociedad cruzada por grandes diferencias sociales, étnicas y regionales. Pero se puede lograr acuerdos básicos. La paz con el Perú fue un buen ejemplo. Si queremos avanzar en la construcción nacional y desarrollode la democracia radical con justicia social, debemos preparar una Constituyente que emita un texto constitucional para el Ecuador del futuro.

eayala@elcomercio.org